miércoles, 31 de diciembre de 2014

EL TOREO NINGUNEADO - VIÑETA 77


El toreo  ninguneado en Cali
Por Jorge Arturo Díaz Reyes 31 de diciembre del 2014

No conozco los jurados del trofeo Señor de los Cristales. Ni quiero conocerlos. No firman. No dan la cara. Serán seguramente “notables” aficionados, periodistas quizás, taurineros vocacionales, o todas las anteriores. Me importa un pito qué sean.

Pero lo que vienen haciendo los últimos años con la asignación del premio, que lleva el nombre de Jesucristo, y el emblema de la ciudad es blasfemo, ignominioso e insultante.

En esta edición 2014 se lo han asestado a Diego Ventura, el rejoneador, de los dos, que anduvo más “cumplidor”. Pero es evidente que lo han hecho, más que para lambonear al portugués, para ignorar a todos los demás matadores a pie y negárselo a su real ganador (por cuarta vez) Luis Bolívar. Quien lo mereció con tres grades faenas, una de ellas rematada, recibiendo, con la mejor estocada del ciclo.

El desacreditado galardón que manejan estos ocultos personajes como su real gana les dicta, cambiando cada año las condiciones del juego a conveniencia, lo han otorgado por mucho tiempo, indistintamente a la mejor faena y la mejor actuación de conjunto en la feria. Según les nazca

Casi siempre a matadores de a pie, la versión clásica, la de Ronda, la de la tauromaquia que no enfrenta toros desmochados, y que los mata cara a cara en condiciones de igualdad, uno contra uno. Para las otras categorías, también validas; novilleros, picadores, banderilleros y por supuesto rejoneadores, hay otros premios especiales.

Pero desde hace dos años cuando se lo endilgaron a Pablo Hermoso (para que volviera), usan el criterio de meterlos a todos en el mismo sombrero y seleccionar a gusto. Un exabrupto inmenso que desnuda la ignorancia del jurado, su maniobrerismo y desvergüenza. Cada triunfador debería ser premiado en su categoría. Lo contrario es como dar el balón de oro de la FIFA a un basquetbolista.

Esta inventada revoltura de peras con manzanas, en la que se basa la decisión absurda, no le agrega un ápice de gloría al extraordinario jinete, a quien, si necesitaban, le podrían haber asignado uno con la debida aclaración “mejor rejoneador”, pero sí ofende al espada despojado y a los otros ninguneados.


Según van las cosas, llegará el momento en que ganar el Señor de los Cristales será peor que no ganarlo. Como decía “El Gallo” (Joselito) refiriéndose a las orejas regaladas en una gran ciudad española (todavía), donde los fariseos han prohibido la fiesta.  

miércoles, 24 de diciembre de 2014

EN CALI LA FERIA SON LOS TOROS - VIÑETA 76

En Cali la feria son los toros
Por Jorge Arturo Díaz Reyes 24 de diciembre del 2014
"El Fandi" 28 de diciembre de 2013. Foto Camilo Díaz
Fue hace 58 años, alrededor de las corridas inaugurales de la plaza de Cañaveralejo que se generalizaron en la ciudad los festejos feriales, públicos y privados, ya hechos tradición; música, danzas, verbenas, conciertos, desfiles, reinados, cabalgatas, exposiciones, gastronomía, jolgorio callejero, turismo y consumo.

Paternidad legítima, que advenidos funcionarios municipales (antitaurinos), han querido desconocer ahora. Pese a ellos, de nuevo en este 2014 las festividades han comenzado en el ruedo y en él terminarán el treinta. Cuatro novilladas con asistencias crecientes, entre fines de noviembre y comienzos de diciembre, han vuelto a ser preámbulo y pregón.

El buen juego del ganado, lidiado en ellas con los hierros de: Ernesto González, Alisal, Paispamba, Salento y Vistahermosa proclama cómo propicia la camada de la cabaña brava nacional este año. Anticipo a refrendar en la temporada grande, que desde Cali correrá por Manizales, Medellín, Cartagena, Popayán, Duitama, Sincelejo, Lenguazaque, Choachi, Puentepiedra y seguramente Armenia.

Entre los novilleros brilló más: El peruano Andrés Roca Rey, quien sin matar bien gustó, e irá de premió a la confrontación internacional con el venezolano Jesús Enrique Colombo (ya propio acá) y el avanzado bogotano Juan Camilo Alzate, frente a utreros de Ambaló (Jandilla) la noche del 25.

La cartelería no ha perdido pujanza por la reciente deserción del anunciado José María Manzanares pues en ella rutilan los nombres del triunfador del año en Europa, Miguel Ángel Perera. El primer espada de Francia, Sebastián Castella. El autor de la que para unos fue la mejor faena del año en España, Antonio Ferrera. El local Luís Bolívar (único que repite). Los aguerridos españoles Iván Fandiño, "El Fandi", Juan José Padilla. Los dos mejores rejoneadores del mundo: Pablo Hermoso y Diego Ventura. Amén de los paisanos Paco Perlaza, Ricardo Rivera y Manuel Libardo.

Enfrentarán estos matadores una manada multirregional de toros. Caucanos, de Paispamba y Ernesto González; cundinamarqueses, de César Rincón y Juan Bernardo Caicedo; y manizaleños de Ernesto Gutiérrez. Todo está servido para que una vez más, con o sin reconocimiento burocrático, se refrende la vieja tradición, de que para Cali la feria son los toros.

CARTELES

Jueves 25 de diciembre. Utreros de Ambaló; Jesús Enrique Colombo, Juan Camilo Alzate y Andrés Roca Rey.

Viernes, 26. Toros de Paispamba; Manuel Libardo, Ricardo Rivera y José Fernando Alzate.

Sábado 27. Toros de Ernesto González Caicedo; Luis Bolívar, Miguel Ángel Perera y el rejoneador Diego Ventura (rej).

Domingo 28. Toros de Las Ventas del Espíritu Santo; Paco Perlaza, El Fandi, y Sebastián Castella.

Lunes 29. Toros de Ernesto Gutiérrez; Luis Bolívar, Iván Fandiño y Hermoso de Mendoza (rej).

Martes 30. Toros de Juan Bernardo Caicedo; Sebastián Vargas, Antonio Ferrera y Juan José Padilla. 

martes, 9 de diciembre de 2014

OCHO VECES MANSA - VIÑETA 75


!Ocho veces mansa¡
Por Jorge Arturo Díaz Reyes 10 de diciembre del 2014
Enero 31 de 2005. Soleada tarde ferial. Callejón de Cañaveralejo. Me cruzo con Luis Fernando, hijo del desaparecido ganadero y empresario Eduardo Estela.

--¿Por qué nos tratas así? --Me dice medio en chanza.
--Porque la corrida fue mansa.
--Sí, fue mansa- ¡Pero escribiste ocho veces mansa en tu crónica del Tiempo!
--¿Verdad? No las conté, dicto por teléfono y no la he leído.
--Aquí está, mira --y me muestra el periódico.
--Bueno --aduje --pude redundar, pero no exageré ¿Cierto?

Sin rencores, continuamos amigos. Al fin y al cabo la pobre redacción es perdonable. No así el engaño. Menos, cuando sus lisonjas, eufemismos, medias verdades, tergiversaciones, propagandas disfrazadas de crítica o noticia, van como letras de cambio. Pandemia del periodismo general, que quizás en su especialidad taurina resulte menos grave, aunque no menos ruin.

La crónica de toros, nació con la corrida moderna. No por casualidad sus precursores, los tres hermanos Romero; José, Antonio y Pedro, rondeños, nietos de Francisco (inventor de la muleta, dicen), fueron los matadores aquella tarde madrileña de 1793, tema de la primera publicada (la de “Un Curioso”). Luego, crecieron y se multiplicaron juntas contrayendo los mismos males. Uno de los más, ese, la impostura.

Clarito, que redactaba mejor, la ilustra perfecto en la página 387 de sus “Memorias”, evocando un incidente acaecido cuando Pablo Martínez “Chopera” celebraba en el restaurante Zarauz de Madrid la exclusiva para 1963 firmada con El Cordobés, novillero fenómeno de taquillas, y la cual incluía su alternativa...

--Este señor –dijo Sánchez Mejías (hijo) a El Cordobés por vía de mi cuarta o quinta presentación— es el que ha escrito el artículo de El Ruedo.
--No bueno para usted –objeté pudorosamente.
--Sí sentenció--, porque se ve que no es usted de los que yo pago.

viernes, 5 de diciembre de 2014

CLARITO - VIÑETA 74


Clarito
Por Jorge Arturo Díaz Reyes 6 de diciembre del 2014

Murió en Madrid, hoy hace  veintinueve años. Vivió noventa y seis entre las épocas de “Guerrita” y “Espartaco”. Estuvo antes y después de Joselito, Belmonte, las plazas monumentales, el peto, la puya tricorte, la espada de juguete, la penicilina, el tremendismo, el toro “destremendizado”, los veedores, la selección del dócil, el utrero, el afeitado, la "bastarda simbiosis crítica-publicidad", y el “más festival que fiesta”.
Testigo secular, a regañadientes, de cómo, lidia, combate, arte, toro, toreros, públicos, plumas, modos, modas, normas, gustos... fueron supeditándose al mercado. Íntimo confidente del toreo, guardián de sus cánones, lo amó, lo pensó, lo defendió denunciando sus males, glorifiando sus virtudes, y lo hizo citando, describiendo, relatando, probando más que predicando.
Cronista maestro, reverenciado y temido, jamás escribió para la gran prensa. No lo necesitó. Desde sus medios de menor tirada, “The Kon leche”, “Liberal” e “Informaciones” levantó su taurología. Ministro de la república española (Comunicaciones 1934), dato político que aparece minimizado en las biografías por su dimensión de crítico e historiador taurino.
En sus “Memorias” (1972), texto grandioso y obligado a quienes pretendan afición y comprensión, deja que los hechos hagan la teoría...
Al bizarro “Pepete” glosar los quiebros del “Gordito”; “Tú jases títeres”.
O el joven Luís Miguel, abrumado por la espectacularidad, los efectos y los adornos de Arruza, preguntar al retirado Belmonte –¿Qué puedo hacer yo ante todas esas cosas?
Y al Pasmo responder –¡Pues torear! Que… que… es lo que no se ha hecho en toda la tarde.
César Jalón Aragón “Clarito”, riojano, pasó templada, larga y lentamente por la fiesta iluminándola. Cuando el bravo, el valor y el honor hayan sido extinguidos, podrán ser evocados en sus escrituras y el culto vivirá.


jueves, 20 de noviembre de 2014

MARÍA DEL ROSARIO CAYETANA - VIÑETA 73



María del Rosario Cayetana


Por Jorge Arturo Díaz Reyes 20 de noviembre del 2014


Murió la siempre joven Cayetana, duquesa de Alba. Había nacido noble, histórica, rica y servida. Eso no lo eligió, como tampoco eligen su cuna los pobres, siervos, anónimos que son la mayoría.


Lo que sí eligió fue su vida, existencialista, libre, sensorial que la sacó de su palacio, y la llevó por diferentes mundos en todos los cuales deja hoy un hueco, una ausencia, una tristeza. “Yo no me meto con la vida de nadie que nadie se meta con la mía” reclamó cuando quisieron oponerle razones a su decisión de novia octogenaria.

Esa personalidad que desbordaba su rango, “catorce veces grande de España”, la hizo popular, querida, y claro, perseguida por los medios que la multiplicaban. Su permanente y desafiante travesura, por auténtica, graciosa y hasta burlona, seducía. Su estilo no daba oportunidad al patetismo. Mujer a plenitud, insoslayable.  

Uno de los mundos que deja más apagados es el artístico. Amaba la música, la danza, el teatro, la pintura, el cine y en particular el toreo. Frecuentó las plazas, los aficionados, los toreros, fue suegra de uno y lo siguió queriendo después de la ruptura.

Una más en las corridas, parecía parte de su esencia pues aunque su apellido Fitz-James Stuart, que también la unía a la realeza británica, supusiese un matiz “guiri” María del Rosario Cayetana (de Madrid) era tan española como la Fiesta.

Los aficionados hemos perdido con su partida, mucho, y en momentos difíciles. La extrañamos y supongo que la recordaremos en silencio donde quiera que se den corridas.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

ARTISTA DE LA PUTA GANA - VIÑETA 72

Artista de la puta gana

Por Jorge Arturo Díaz Reyes 12 de noviembre del 2014


La contra convocatoria del jerarca municipal no tiene discusión. De los cuatro puntos cardinales, hizo llegar como a un muro de lamentaciones, intelectuales, artistas, políticos, novilleros, toreros, figuras pasadas y vigentes, ganaderos, profesionales, aficionados, simpatizantes, libertarios de vocación (y de oportunidad), huelguistas, empresarios, antipetristas diversos... Todos congregados frente a la clausurada plaza de Santa María en Bogotá. Mientras otra manifestación similar y simultánea clamaba en Madrid. Todos por él. Todos contra él.

Las admoniciones filosóficas, éticas, estéticas, ecológicas, económicas. Las invocaciones de libertad, derecho, justicia, democracia, legalidad. Los reclamos de respeto a la tradición, la cultura, la diversidad, las minorías, el disenso… entonadas por los oradores rebotaron contra las puertas prohibidas como han rebotado antes, una y otra vez, contra su omnímoda e inapelable arrogancia de inquisidor.

¿Podrá este clamor transatlántico de hoy, como el de los judíos ante las murallas de Jericó, derribar el muro pétreo? Quisiera creerlo pero no puedo. Porque para su moralismo dogmático, son herejías, perversiones, pecados mortales de lesa animalidad que no tienen perdón, que no admiten discusión.

Ni los argumentos, ni la huelga, ni la Ley (916 de 2004), ni el fallo conminatorio de la Corte Constitucional que le ordena la devolución de la plaza, han hecho mella en esa soberbia ciega y sorda de alcalde-rey, de voluntarista obseso, de adicto a las ideas a la fuerza, de artista de la puta gana.

miércoles, 29 de octubre de 2014

ÚLTIMA TARDE CON MANZANARES - VIÑETA 71

Mi última tarde con Manzanres

Por Jorge Arturo Diaz Reyes 29 de octubre del 2014


Era 12 de enero del 2005. Última de feria. Manizales, la plaza de bote en bote, para el mano a mano con Cesar Rincón, aguardaba su llegada, tras muchos años de no verle, con una ilusión ensombrecida por la certeza de que sería la última vez de luces allí. El tiempo lo confirmó.

Entró sereno al patio de cuadrillas atestado. Una media sonrisa casi tímida, como si quisiera pasar desapercibido. Fue recibiendo saludos y abrazos, de viejos que le adoraban y ya se fueron antes que él; Vicente “El Gallego” Blanco, Ramón Ospina, Hernando Espinoza Bárcenas, Orlando Pión y muchos más, no reprimieron su cariño, ni ocultaron su emoción.

Se olvidaron de César. Nunca fui manzanarista, ni “ista” de nadie. Gasté años tratando de comprender por qué los mejores aficionados que conocía lo eran, por qué su idolatría, por qué “torero de toreros”. Me podían su indolencia, su facilismo y la pesadumbre de las tardes perdidas.
En eso coincidí con cierta parte del público de Las Ventas que le vio 107 faenas, y solo le premió trece, menos de la tercera parte de las que premio a Camino o a El Viti con bastantes menos toros. Vino a nueve ferias de Cali, toreó 26 corridas y no ganó nunca el "Señor de los Cristales". Ya sé, el toreo es arte que no tolera la vulgar estadística, solo cito para explicarme.

Así andaba yo, a uno y otro lado del Atlántico, década tras década, de punta con mis amigos, enemigos, y casi todos. Hasta conmigo mismo, sin hallar argumentos, sin descubrir la esencia, cuestionando mi afición, mi sensibilidad y a ratos culpándome.
Los escogidos y cómodos toros de Las Ventas, embistieron. César, a vuelta del retiro, favorecido en el sorteo, se dio un banquete. Cortó cinco orejas e indultó al sexto. La plaza era un vórtice rinconista y patriotero, mientras José María, discreto como había llegado, casi convidado de piedra, como si no quisiera proyectar la más mínima sombra sobre el dueño de la fiesta, había despachado sus primeras faenas con una sobriedad rayana en la nada.

Lo sabía, me decía mentalmente, pues “El Gallego”, micrófono en mano, a mi lado, no me lo hubiese perdonado. En esas estaba, escéptico, esperando la salida en hombros de Rincón, cuando de pronto, diagonal a la puerta, en el tercio, inmóvil, recto, embarcó al quinto en cinco redondos a media altura, por la derecha, tan lentos y suaves, tan delicados y dulces, tan rimados y naturales que fueron un éxtasis, una epifanía. Me abrumaron y me lo explicaron todo repentinamente, de una. No los he olvidado, no los olvidaré jamás.
Lo que siguió fue un recital del toreo suave, acariciador, ese que para los otros había hecho de su nombre sinónimo de arte. Sin duda esa faena es una de las más exquisitas que esta afición haya presenciado. Tras un pinchazo y una estocada honda, una oreja pareció premio miserable.

Era eso, era eso lo que habían visto y yo no, creo. El deslumbramiento de la  estética íntima, única, insoslayable. Ahora que Manzanares se ha ido igualmente, de manera tan delicada, inesperada y conmovedora, esa obra que bordó en Manizales, vuelve a mí, converso tardío, recordándome que casi muero sin comprenderlo. Qué tristeza, tu muerte torero.

sábado, 25 de octubre de 2014

VIÑETA 70 LA FERIA DESMADRADA

La feria desmadrada
Por Jorge Arturo Diaz Reyes 26 de octubre del 2014

Cali siempre ha sido de toros, y cuando el 28 de diciembre de 1957, por la tarde, "Resoplón" de Clara Sierra saltó el ruedo, sólo inauguró su más reciente plaza, Cañaveralejo. Bueno, también inauguro la feria, la primera. Cinco corridas.

Fue tal el entusiasmo despertado que al año siguiente una rumba general se les agregó con cabalgata, gallos, música, bailes, licor, desfiles, reinados y folclor, haciendo de ellas, con sus preámbulos y remates, el epicentro de la enorme jarana.

La plaza hervía con el mismo fuego de las calles ganando un ambiente que término caractérizandola. En Cali, la feria son los toros, decían todos, ensombrerados y con el poncho al hombro. Esa unión entre la joven madre y su primogénita, fiestera y alocada, hizo de las dos una, pese a que desde su nacimiento está última, tuvo su propia programación y dirección a cargo de personajes designados por los políticos de turno.

Así, de año en año, de fiesta en fiesta, de trago en trago,  han envejecido alegres, juntas e inseparadas. Pero de un tiempo acá, la hija no sólo ha comenzado a independizarse, sino a malquerer a su madre hasta el punto de negarla.

Y el feo desafecto filial parece venirle, más que de su propio corazon, del de sus transitorios directivos (burócratas antitaurinos o taurinos vergonzantes algunos), dueños designados de alegrías ajenas. No, no es una impresión subjetiva. La revista oficial de la feria (año 3, número 7), publicada por la alcaldía y Corfecali, lo constata.

En todo el fascículo, desde el editorial, firmado por el señor alcalde (supuesto aficionado), pasando por el "programa oficial de la feria", hasta la contraportada, no hay una sola mención a los toros, ni una sola. Según eso, no tienen arte ni parte. A cambio, abundan actividades masivas cuya programación simultánea con las corridas les compiten, y entorpecen el desplazamiento y la concurrencia del público a la plaza.

Un programa, valga señalarlo, centrado casi exclusivamente en la salsa, ritmo neoyorkino de moda, que no solo han querido convertir en folclórico, sino en la única expresión cultural de la ciudad.

Monotemático esnobismo que desconoce todas las ricas tradiciones y hondas raíces, entre ellas la fiesta de los toros, la más culta, según García Lorca, y que ha estado aquí desde la misma fundación por don Sebastián de Belalcazar en 1536. Es la ignorancia, es el abuso, es el desmadre.

sábado, 18 de octubre de 2014

VIÑETA 69 - TRABA Y BOTERO EN NUEVA YORK

Traba y Botero en Nueva York

Por Jorge Arturo Diaz Reyes 19 de octubre del 2014
Amaba yo a Marta Traba, su bocota, su capul azabache, su pequeña estatura, su talle, sus pantorrillas robustas, su vocecita de niña, su cantarín acento argentino, su torrencial retórica, su recia feminidad, su pasión por el arte y las causas perdidas.

La amaba sin hablarle, no creo que supiera nunca de mi existencia. Pero no perdía en las noches su programa de televisión a blanco y negro, y fui asiduo del Museo de Arte Moderno de la Universidad Nacional, que ella fundó, solo por mirarla y oírla. Leía sus escritos por suyos más que por otra cosa. Era casi un quinceañero. Fue hace más de medio siglo.

Veinte años después Marta, hija de gallegos, cayó del cielo sobre Madrid, en un avión que despegó hacia Bogotá y jamás llegó. No he conocido una mujer que se le parezca. Me sigue doliendo su muerte, como el primer día. La perdimos todos. Cuantas cosas dejó sin hacer su inteligencia interrumpida.

Acabo de leer que Fernando Botero, el pintor, lanza otro libro en Nueva York, capital del éxito. Una tauromaquia con ciento setenta y  cinco obras. Marta no era de toros, pero la noticia me la trae de nuevo, vívida, pues entre la muchas cosas que le regaló a Colombia fue habernos mostrado una generación de jóvenes pintores, que a lo mejor sin ella nunca hubiésemos visto ni valorado: Alejandro Obregón, Enrique Grau, Edgard Negret y por supuesto, Fernando Botero entre otros.

Botero venderá mucho y bien su libro, como vende todo lo que firma. Qué lejos está el hambre de artista pobre allí mismo. Su pintura plana, desproporcionada, costumbrista, de dibujo infantil, primitivista, caricaturesco, sin perspectiva, tan consumida y alabada, tan populachera, no me conmueve, y la taurina menos. Siempre, he intuido, por allá en el fondo, que como el mismo declara, la frecuenta porque “Los toros hacen la vida fácil al pintor” y porque “me faltó coraje para ser torero”.

Pero juro que si Marta, su hada madrina, se dignara resucitar y hablarme, y me preguntara si me gusta la pintura de su exitoso ahijado, y a mí me saliera voz para contestarle, le diría de inmediato que sí, que toda, solo por no contrariarla.

jueves, 2 de octubre de 2014

VIÑETA 68 - LA OREJA DE CANTINERO

La oreja de Cantinero

Por Jorge Arturo Diaz Reyes 30 de septiembre del 2014

El 30 de septiembre de 1915 por la tarde, José Gómez Ortega, en la cumbre de su gloria, ataviado de nazareno y azabache, cruza el ruedo de la llena y soleada "Maestranza" para matar, él solo, seis toros de Santa Coloma. Tenía 20 años.

Deshecho el paseíllo, estalla la ovación que fue la tónica en las primeras cuatro lidias. El quinto, "Cantinero", negro, lucero, cornicorto, mata dos caballos tomando cuatro varas, y arremete fiero a los floridos quites. Torero de todos los tercios, a son de pasodoble clava tres pares con galleos, recortes y clamor.

La muleta ejecuta "una de las faenas más enormes que se han presenciado en el coso sevillano", según la crónica de Onarro al otro día en el Noticiero de Sevilla. Abierta con el pase de la muerte, seguido de naturales, transcurre jaleada sobre un ruedo lleno de sombreros. "Gallito" recoge uno lo cuelga del pitón y luego lo devuelve al feliz aficionado. A volapié mata desatando la tempestad de pañuelos y gritos que obligan la concesión de la oreja.

Una oreja, la primera otorgada en 178 años de la plaza. La primera también para un torero histórico que llevaba, desde novillero, casi un lustro asombrándola con sus hazañas, sin haberla obtenido.

Los testimonios recogidos por Pierre Arnouil e Ignacio de Cossío, quienes incluyen esta, entré las 30 "Gandes faenas del siglo XX", (Espasa Calpe, S.A., Madrid 1999) nos permiten revivirla tras un siglo, y pensar en lo que se debía ser y hacer entonces para cortar una oreja en Sevilla.

domingo, 14 de septiembre de 2014

VIÑETA 67 - COLÓN Y LOS TOROS


Colón y los toros
Por Jorge Arturo Diaz Reyes 13 de septiembre del 2014
Cristóbal Colón era genovés, pero su gesta fue hispana y en sus carabelas llegaron los toros a América. Dicen que trajo el primer ganado en 1493. Su segunda expedición, la más grande. Diecisiete barcos. Lo debió regar por las islas del Caribe, pues no tocó el continente hasta su cuarto intento.
Quizá no trajo sangre brava, más difícil de manejar. No se puede asegurar. Pero el manso enmontado, pronto debió embravecer y dar lidia, como la sigue dando el toro criollo. Y como la dio esa punta fiera que Melchor de Valdés echara en su "Hato Bermejo" de Ibagué (Colombia) por 1542, de la cual salieron cimarrones que se hicieron terror de la comarca obligando a su persecución y cacería.
Fue poco antes que Juan Gutiérrez Altamirano fundara con casta navarra en México, Atenco,  la ganadería más antigua del mundo 1552. Claro, junto a los toros Colón trajo los hombres que gustaban de festejar con ellos. Y así, en la cultura, vino el toreo, y se quedó, sobreviviendo a las persecuciones gazmoñas.
Pero no cesan ahí las culpas toreras del descubridor. Para birlarle a su nieto, Luis Colón, el título de virrey con derecho al 10% de la renta en todas las tierras descubiertas (América entera, imaginénse), Carlos I  se lo cambio por el Ducado de Veragua, un cuadrícula de selva panameña, llena de indios rebeldes que jamás le dejaron conocerlo y que de paso mataron a su hermano Francisco quién se empeñó en ello.
Tres siglos despúes el descendiente Pedro Colón, XIII Duque, le compró a la reina de España, la "Vacada Real", herrándola con el nombre de su ducado, Veragua, misma que a su vez terminaría 95 años más tarde en manos de Juan Pedro Domecq Villavicencio, quien minimizando el origen vazqueño y difuminando su épica historia dio paso al monoencaste actual que nos aqueja. Esto último, por supuesto no se le puede achacar a Don Cristóbal.



lunes, 8 de septiembre de 2014

VIÑETA 66 - ODIO TAUROLÓGICO -


Odio taurológico
Por Jorge Arturo Diaz Reyes 08 de septiembre del 2014
Incitar al odio y la violencia contra grupos o personas por su origen, raza, religión, pensamiento, gustos... es un agravante de cualquier crimen, pero también un crimen por sí mismo. La Unión Europea ha instado a luchar contra esta "lacra" y a incluirla como delito en los códigos penales.
Algunos paises lo hacen, otros no. No hay unanimidad en el mundo, porque la discusión jurídica es honda y toca el derecho a la libre expresión, pero es indispensable mantenerla para una sociedad multicultural globalizada, en la cual el uso del odio y sus horrorosas consecuencias, tan viejo como la civilización, en lugar de disminuir aumenta.
Pues en esta esta época superpoblada y ultracompedida, es un discurso fácil para captar adeptos, lanzar campañas, beneficiar intereses, empujar causas. Exime de argumentos ir a los instintos, excitarlos. Rotular, despreciar, discriminar, befar al otro, al diferente; injuriarlo, agredirlo, eliminarlo.
La guerra santa desatada en Bogotá contra los toros por el alcalde Petro, ha abundado en esto. Las injurias públicas desde sus líneas a los aficionados como, sádicos, bárbaros, borrachos, pervertidos, torturadores, asesinos, han obtenido la respuesta que perseguían, ahondar el enfrentamiento, agudizar la contradicción, aumentar la intolerancia mutua. Sacar el debate de lo racional a lo visceral.
Entonces han sonado también con encono, desde las trincheras de los “prohibidos”, las recriminiciones a su pasado insurgente, a las tragedias que produjo la guerra en que participó (y continúa), y la descalificación en globo de toda su gestión como alcalde, para complacencia de muchos rivales políticos suyos, tan o más antitaurinos que él.
Colombia lucha hoy por la paz, por el cese del rencor, por hallar una salida civilizada de su inveterada guerra, se cree con derecho a esa ilusión. El fomento del odio ideológico, en este caso del odio taurológico, va en contravía, no importa que se haga con el pretexto de la paz animal.






jueves, 4 de septiembre de 2014

VIÑETA 65 - ¿AHORA QUÉ?

¿Y ahora qué?
Por Jorge Arturo Diaz Reyes 04 de septiembre del 2014


La Corte Constitucional dijo lo que tenía que decir. No podía decir otra cosa. Es más, ya lo había dicho antes, en octubre del 2012, cuando un concepto suyo, igual, abortó la votación de una prohibición municipal con mayoría previamente pactada por el Concejo de Medellín, ad portas de la temporada paisa.

En Colombia, las corridas de toros son legítimas, por Ley 916 de 2004. Nadie puede prohibirlas. Todos lo sabíamos. Desde mucho antes que Petro fuera elegido. El asunto es que no hemos podido hacer valer la ley, ni hallar quien la haga valer. Ese ha sido el problema. No más.

Sí, no más, pero que tremendo "no más". Pues en este país los abusos del pequeño poder burocrático, hacen parte de la cultura, y hasta del  folclor, con título propio, "alcaldadas", (una canción popular dice: "El alcalde de mi pueblo ordena; mátese media vaca, mátese media vaca"), y cualquier funcionario con el voto del rebaño se pone por encima de la ley.

Entonces, la inoperancia del derecho impele los abusados a las  vías de hecho. Como la huelga de hambre de los novilleros, la cual con su firmeza y repercusión mediática internacional, fue la que al fin vino a desenterrar la diferida (por muchos meses) respuesta del alto tribunal a la consulta de la Corporación Taurina de Bogotá, arrendataria desahuciada de la plaza.

Hay quienes enarbolan ese fallo como un trofeo propio. Razones tendrán. Allá ellos. Los huelguistas, por su lado, con sabia serenidad han dicho, ---Aquí no se ha ganado nada, la huelga sigue --Y tienen razón.

Mientras no se adelanten y concreten las acciones jurídicas necesarias para ejecutar la sentencia de la Corte (en un plazo máximo de seis meses), mientras no cese la extralimitación y se aplique la ley, palabra más palabra menos, estamos como al principio.

El alcalde, contendor sagaz y conocedor de nuestro folclor, debe tener ya sus movimientos bien calculados. La pregunta para quienes desde nuestro lado cantan victoria es ¿Y ahora qué?

domingo, 31 de agosto de 2014

VIÑETA 64 - LA CULTURA DEL HONOR


La cultura del honor
Por Jorge Arturo Diaz Reyes 31 de agosto del 2014

Quizás lo más profundo respecto a toros lo escribió el filósofo alemán Wilhelm Hegel, sin mencionarlos, sin haber presenciado una sola corrida, y sin siquiera proponérselo.                            
Un año antes de morir, lo hizo en su libro Lecciones sobre filosofía de la historia universal (1830), cuya edición castellana tardía, esta prologada por un buen aficionado y colega suyo, José Ortega y Gasset.
En la página 676 afirma: "Los españoles son el pueblo del honor, de la dignidad personal y, por tanto, de la gravedad en lo individual. Este es su carácter principal." Sí. Ahí en esas líneas está todo, tácita, ética y estéticamente.
Un pueblo así, una cultura así, con ese "carácter principal", era natural que erigiera como su rito social más auténtico y representativo, una ceremonia de dignidad, gravedad individual y honor extremos. ¿Cual mejor, cual más verídica que la corrida de toros?
Una liturgia trágico festiva, real, a vida y muerte, regida por ancestrales cánones de naturaleza, valentía y riesgo en aras del espíritu general. Una celebración de raíces prehistóricas y prerreligiosas, que luego fue sofisticada y estructurada en el siglo de las luces, y cuyos verismo, calado emocional y moral caballeresca (quijotesca) fueron reconocidos por el romanticismo como propios.
Esta es la parte taurina no dicha, pero implícita en la definición hegeliana. Su conclusión inevitable. Sin importar que a continuación, llevado más que por su eurocentrismo (Europa, según él terminaba en los Pirineos), por su nacionalismo, despreciara como decadente, inerte, y rezagado al pueblo peninsular (y su extensión  americana) en el que aduce: "los conventos y la corte han cebado a la masa perezosa y la han empleado para lo que han querido."
Bueno, nadie es perfecto, cada pueblo tiene su historia. También sabemos hoy hasta donde llegó su vanidoso germanismo en 1945. El asunto es la identidad, no la pretendida superioridad. Rendirse a otra, exigir la castración del propio "carácter principal", el sentido del honor para nuestro caso, es dejar de ser. Las culturas nacen, crecen y mueren, pero no por decreto.
*Figura: Busto de "Lagartijo" en la calle Osario de Córdoba (Esp)

jueves, 28 de agosto de 2014

VIÑETA 63 - ROMERO POR GOYA


Romero por Goya

Por Jorge Arturo Diaz Reyes, 28 de agosto del 2014


Entre la muchedumbre de personajes que retrató Goya, incluído él mismo, no le salió ninguno mejor librado que Pedro Romero. De un realismo  cruel hasta lo caricaturesco, el genio aragonés pintó casi a todos, dramáticamente, conmovedoramente feos.

Así los vio, así los escrutó, así los reprodujo, sincero, como reflejos de sus almas. Desde la plebe hasta la familia real, de la cual fue pintor oficial y a la que sin réplicas, befó. Insinuando en el cuadro, dicen, adulterios y falsas paternidades.

¿Porqué tan apuesto entonces el torero rondeño? Iluminado, sereno, cerca de los cuarenta. Moreno, pelo grisáceo, largas patillas, rasgos armoniosos, mirada sincera, media sonrisa, alta la frente, vertical el tronco fino. Engalanado a la usanza torera, redecilla, camisa blanca de generosas chorreras, chaleco de lujo, chaquetilla azabache forrada de rojo, ancha capa cereza colgada del hombro y en primer plano, pendiendo relajada, la mano derecha. La que mató, según cuentas, más de cinco mil toros, recibiendo.

Así lo vio, espejo de su alma, confiado, en paz, ajeno a la ferocidad. Era un hombre que había visto morir dos hermanos en el ruedo y que seguía sosteniendo su honor y su credo, quieto frente a los toros, esperándolos; "El toreo es de brazos, no de pies" dijo y cumplió primero.

Un hombre cabal, valiente, sin petulancia, en la cumbre de su gloria. El inclemente Goya lo retrató como a nadie, pero también retrató en él su admiración de aficionado y de torero frustrado.

Este bello Pedro Romero suyo, pintado por 1795 y que hoy sigue asombrando desde el museo Kimbell de Fort Worth Texas, es toda una declaración de principios del romántico toreo dieciochezco, alumbramiento y canon de la corrida moderna.