lunes, 8 de abril de 2024

EL TOREO DE LAS LUCES - VIÑETA 533

 
VIÑETA 533
 
El toreo de las luces
Jorge Arturo Díaz Reyes 8 IV 2024 
Toros en Madrid 1791. Antonio Carnicero
Quieran que no los “ilustrados”, la corrida moderna es hermana de la ilustración. Alumbró al tiempo con ella, el romanticismo y la democracia. En pleno Siglo de las Luces y al rededor de su gran eclosión, la revolución francesa. En esa España que se desimperializaba, urbanizaba e industrializaba, el asalto de los peones al ruedo desplazando a los caballeros, erigió a Pedro Romero, Costillares y Pepeillo como su gran triunvirato.
 
Todo pasó allí. Es cosa manida. El cultivo especializado de las castas primigéneas del toro bravo, la asunción del toreo a pie, los cánones de la lidia, el tronío y la majeza, la consolidación de la liturgia, los tercios, las suertes fundamentales, el volapié, las primeras plazas de toros, el cobro de las entradas, las empresas, las primeras figuras, el traje de luces, el cartel de toros, las tauromaquias escritas (Pepeillo 1796), y las gráficas de Antonio Carnicero, Enmanuel Witz, Goya…, los reglamentos, la crónica taurina, la escuela… Sí, todo surgió allí. Lo demás ha venido por añadidura.  
 
Y ocurrió sin más opción, como va y viene la historia, empujada por su propia inercia. De la misma forma que ahora, ese gran péndulo vuelve a la contrailustración, el desapego a la razón, a la tradición, a la ciencia y al progreso. A la indolente animalización, el antiintelectualismo, el utilitarismo, la industrialización del arte, la estética del artificio, la realidad simulada, el nada es lo que es sino lo que parece.
 
A esto llamado Posmodernismo, que tampoco es que se lo hayan inventado los filósofos, quienes apenas sí se han empeñado en describirlo y ponerle rótulo. En señalar otra vez que por ahí refluye la cultura, en su eterno retorno a la barbarie.
 
Y en ella, la tauromaquia, tratando de hallar su sitio y nuevas expresiones, sin tener que arrojar por la borda sus verdades vertebrales para seguir flotando en este mar aleve, en el que su estética, valores y realismo lastran. En esta sociedad que condena su culto de naturaleza, honor y belleza, como anacronismo absurdo incompatible con su tecnológica brutalidad. Un mundo irracional que, como los avestruces, con la cabeza bajo la pantalla, niega la realidad del horror y la muerte, que produce masivamente a cambio de satisfacer su voracidad esnob.
 
Ahora es cuando el romanticismo, la democracia, la libertad y la fiesta, utopías del Siglo de las luces, deben ser apagados por los pretorianos del nuevo oscurantismo.

lunes, 1 de abril de 2024

ESA TRISTE ALEGRÍA - VIÑETA 532

 
VIÑETA 532
 
Esa triste alegría
Jorge Arturo Díaz Reyes 1º IV 2024 
Ureña en Las Ventas 2023. Foto: Las Ventas
La fiesta de los toros es una tragedia. Tópico. Hemingway que no lo sabía, descubrió que era cierto, cuando a los 23 años vio en Madrid, con ojos asombrados la primera corrida de su vida y salió a contarlo en inglés, con una crónica (histórica) que tituló así. Pero ya lo habían explicado hace milenios los griegos que lo explicaron todo.
 
Sin embargo, como si se quisiera olvidar, se la llama solo Fiesta. Nada más, a secas. Totalizando el empaque lúdico sobre la fatalidad que conlleva, Con un lapidario: “aquí vinimos fue a divertirnos”, paran los orgiásticos a los huraños integristas.
 
Nietzche ahondó en esa contradicción humana con “El nacimiento de la tragedia…”, sin aludir la tauromaquia. Claro, él era alemán y mientras pergeñaba esas cosas en Basilea, no tenía como enterarse de qué al tiempo, Lagartijo, Frascuelo, El Gordito y otros andaban dilucidando a muerte el mismo problema por los ruedos de España.
 
Problema que hoy, en la era de la imagen, parece resuelto ya. Lo esencial es el show. Esa es la onda, desde el callejón de los taurinos, hasta el palco de Usía, pasando por los tendidos que sostienen la industria. Recreación o nada. Pero no, están equivocados, no se eso lo que congrega. Ni lo que vende, no lo que combaten los antitaurinos. Es la verdad que va por dentro. Bajó el oropel. Cuando la suerte, la faena, la corrida la develan, cala de inmediato en el espectador, instintivamente. Es que no hay rito igual. Tan biológico. Por eso vuelven…, y pagan.
 
Si solo fuera por la forma, el colorido, la pose, la majeza, el aspaviento, se irían mejor al teatro, al estadio o al cine con sus delirantes “efectos especiales”. Pero no, lo que hace fieles, es esa conjunción real de lo bello y lo terrible. Qué como en la vida, sucede a cada trance, hasta el inexorable trance supremo.
 
Hay toreros que naturalmente invocan ese misterio existencial. Y lo infunden con o sin apologistas, exégetas ni asesores artísticos. Lo traen, nacieron así. Desnudos de frivolidad, cargan consigo el aire de lo trágico. Como los santos que ponen un halo de pena en cada milagro.
 
Muchos mueren ignorados, otros incomprendidos, los menos, consagrados y convertidos en iconos. Sus estampas amarillean en tascas, museos, libros... Aún los hay, que siguen impartiendo esa triste alegría. Paco Ureña es uno, creo.
 

lunes, 25 de marzo de 2024

DE LOS BOOMER A LOS ALFA - VIÑETA 531

 VIÑETA 531
 
De los Boomer a los Alfa
Jorge Arturo Díaz Reyes 25 III 2024 
Manuel Benítez Pérez “El Cordobés 1965. Foto: (Cordon Press), El Confidencial
Ahora, viendo televisión vuelvo a los sesenta que viví con la fogosidad de la temprana juventud. Cambiar el mundo, era la consigna mesiánica de mi hoy vetusta generación. La “Boomer” como la llaman los demógrafos. Contracultura, rebeldía, independencia, liberalidad, viaje a la luna, arte pop, otra estética… Si los Beattles la marcaron en la música, Muhammad Alí en el deporte, Warhol en la pintura y Neil Armstrong en la luna; Manuel Benítez Pérez “El Cordobés” lo hizo en el toreo.
 
Lo internacionalizó con su leyenda, asaltando los cánones, apasionando, reventando taquillas, cargando con la excomunión de la cátedra purista, y la impostada, y llevándose la época tras de sí, como flautista de Hamelin. Cuánto mandó entonces, proyectando la fiesta a estratos de popularidad, globalidad y prosperidad jamás alcanzados. Quien mejor lo definió fue Gerardo Diego:
 
“El Cordobés”
es el toreo al revés
y es el mechón de través…
“El Cordobés”
es el toreo en inglés,
en danés
y en pequinés
y en volapuk y sin mover los pies.
 
Desde una España que tras larga y enquistada posguerra se reabría y era redescubierta por el mundo con enamoramiento. A él se debe con mucho la opulencia que la tauromaquia vivió durante medio siglo, hasta el 2014, cuando volvieron las vacas flacas, las plazas solas, los campos exiguos y la impopularidad, que debilita y atrae las fieras como la sangre.
 
Las plumas pontificias que lo zaherían entonces, (y todavía), tildándolo de hereje tremendista que no oficiaba con la devoción de Ordóñez, El Viti, o Camino…, ignoraban el desfile de empresarios que con los maletines llenos peregrinaban a "Villalobillos" para implorarle que no se retirara.
 
Bueno, ahora, promediando los veinte del nuevo siglo, cuando la generación “Alfa”, la del Ipad, la inteligencia artificial, la virtualidad, la diversidad, la ecología, el futuro, sale del Covid buscando portaestandartes. Ahora que en los toros llevamos diez años terribles, coronados de espinas por una pandemia. Ahora que al fin surgen signos de convalecencia; vuelven los cinqueños, el fervor y los “No hay billetes”. ¿Cuál es el ícono?
 
Sorpresa. El máximo reclamo resulta ser un joven suramericano. Quien, (lo digo yo que los he visto a los dos), no se podría comparar con aquel contestatario fenómeno sesentero. Pero qué sí ha vuelto a llenar plazas y traer la nueva generación con él, como a un renacimiento. Como a un amanecer del no más anoche que ganaderías enteras iban a los mataderos, cancelaban ferias y la fiesta fenecía.
 
Pero igual que antaño, algunos altavoces comienzan a cobrarle al advenido (lo que a otros no). “Porque hay que exigirle”. Ladinamente claro. Cuando triunfa y produce mítines…, “es por suerte en los sorteos”, “porque el toro facilita”, “por ignorancia de los públicos”, “porque está evolucionando para parecerse a sus mimados”, “porque no torea con sutano y con mengano”.
 
Domingo Delgado de la Cámara diagnosticó la cosa por OneToro, viéndolo torear a “Leguleyo” en una plaza enloquecida. “Se ha puesto de moda entre quienes posan de buenos aficionados ser anti-Roca Rey”.
 
Sin embargo, él, callado. Igual que desde niño, (torero de nación), va con su verdad, sin disfraces ni posturas, arrimándose y echando pa´lante. Con el bueno y con el malo, de largo y en corto, de rodillas y de pie, al derecho y al revés. Abriendo puertas grandes por doquier. Cautivando afición imberbe (ídolo de mi nieto y de otros nietos) “Los Alfa”, como les dicen, y vendiendo a montones entradas y suscripciones de TV.  Recapitalizando el negocio.
 
Está bien. Como ayer, todo no es eso, pero eso podría ser todo en las condiciones actuales. ¿Además, no era lo que imploraban?

lunes, 4 de marzo de 2024

PREGÓN DEL POSMODERNISMO - VIÑETA 530

 
VIÑETA 530
 
Pregón del posmodernismo
Jorge Arturo Díaz Reyes 4 III 2024 
Ponce en Las Ventas 2017. Foto: Las Ventas
Ha pasado Enrique Ponce por la Asociación el Toro de Madrid. Y, saludos, presentaciones y despedidas aparte, ha hablado una hora y cuarenta y ocho minutos. He visto varias veces el video total (publicado en youtube), y releído la reseña de Antonio Lorca en su columna “El toro por los cuernos” del diario El País.
 
He sido minucioso en la revisión porque considero el encuentro trascendental. La figura paradigmática de la época (1990 – 2024) pontificando largamente, sin casi réplica, frente a la élite actual de la afición mundial. Y no dudo que más allá de la debida y plausible cortesía, tanto el torero como su auditorio, actuaron con absoluta sinceridad. Es evidente que uno y otro creían en lo que decían y aplaudían. Nadie mentía.
 
Respaldado por sus invocadas “5.000” lidias y “cansado de tópicos” Ponce sostuvo olímpicamente: Que el seleccionado toro de hoy es el más bravo de la historia porque aguanta sesenta muletazos. Que ahora se torea mejor y más bonito que nunca. Que su preferido encaste Domecq, llamado de las figuras “porque da garantías”, le ha inferido todas sus cornadas. Pero que está bien que las figuras hagan la “gesta” de lidiar de vez en cuando encastes minoritarios. Que toreando al hilo del pitón se arriesga más que cruzándose al pitón contrario. Y que todo esto es así porque todo evoluciona: el toro, la bravura, la casta… el conocimiento, la técnica, la cirugía, el público… “si no, no se podría torear como se torea hoy. Hacerle a los toros lo que les hacen, ni pegarse los arrimones que se pegan”.
 
Apenas dos preguntas respetuosas, pero firmes, de una voz femenina no identificada pusieron el dedo en la llaga. La primera: “Si él era el creador de una escuela en la que la técnica prima sobre otros conceptos del toreo y que resta emoción al espectáculo actual”. Y las segunda, “si considera con Ortega y Gasset, que cuando en el toreo la estética desborda la ética se pierde la validez”. Ambas fueron pasadas graciosamente fuera de cacho.
 
Al final me viene la frase de Paco Camino cuando le contaron que Ponce continuaría toreando tras treinta años de alternativa: “Donde se para Enrique puede seguir toreando hasta los cien”, dijo.
 
Y de mi lado, una sola glosa para el estupendo artículo de Antonio Lorca; el título: “Ponce hace una encendida defensa del toreo moderno…”. No, no, perdón, la encendida defensa no fue del toreo “moderno”, fue del toreo posmoderno (1). Del toreo de la era virtual, pregonado allí por su innegable gran maestro y refrendado por los guardianes de las sagradas escrituras (los del 7).

(1)       
Viñeta 529; “Agonía de la modernidad”. Disculpas por la inevitable auto cita.

lunes, 26 de febrero de 2024

AGONÍA DE LA MODERNIDAD - VIÑETA 529

 
VIÑETA 529
 
Agonía de la modernidad
Jorge Arturo Díaz Reyes 26 II 2024 
Foto: Camilo Díaz

Cambiar eso de que viene el toro, te quitas tú o te quita el toropor el “que viene el toro, NO te quitas tú, quitas al toro”, fue una revolución.

Quedarse quieto, esperar, aguantar. Lo demás vino después. Porque las revoluciones que son tales, triunfan, dominan, avanzan, se estancan y son desplazadas por otras, como señaló el filósofo norteamericano Thomas Kuhn.

Ya en sitio, gobernar la dirección y altura de la embestida. Poner el cuerpo en la trayectoria. Sincronizar. Mantener el terreno para repetir sin huir, una y otra vez. El pentateuco del toreo moderno: Parar, templar, mandar, cargar la suerte y ligar. Que por consenso historiador iniciaron Romero, Pepe Illo, Costillares y culminó Belmonte. Quién, cuando le gritaron ¡Así no! contestó ¿Y no es así qué se torea? Pues había visto a El Sacristán su ídolo de infancia, de él y de Triana.
Pero este había visto a El Espartero, y este a Desperdicios y este a Pedro Romero. Más de un siglo para imponer el modernismo y otro para sofisticarlo; Chicuelo, Manolete, Ordóñez, Curro y… la nueva revolución.

La del posmodernismo contra el modernismo. La del toreo “anacrónico” de hoy, al de la nueva era. Esta del internet, la inteligencia artificial, la virtualidad y la imagen sobre todas las cosas. Donde el empaque prima sobre el contenido, la apariencia sobre la realidad, la publicidad sobre la percepción. En todo: la información, la política, la industria, la guerra, el arte y hasta la ciencia. Los acontecimientos, los candidatos, las mercancías, los héroes, las obras, el progreso…, no son como son, si no como los pintan.

Y para estar a tono y sobre seguro, en vez de torear, simular. Representarlo, describirlo, comentarlo y venderlo por pureza.  El toro bobo. El parón y la huida. Lo superfluo por canon. Las patillas, el estrafalario vestir. El estrambote. Las poses. La evocación retórica de los tiempos épicos. La emoción impostada y prefabricada por la propaganda. La parodia de clasisismo. La dictadura de la clientela pseudo aficionada (es que con aficionados no se llenan plazas). La supuesta salvación de la fiesta por la fatuidad. A cambio de no ser, parecer.

Pero un momento, respeto, la cosa siempre ha sido paulatina, todavía se sigue muriendo en el ruedo. Aún saltan fieras, aún hay toreros y enterados.

Uno muy brillante falleció esta semana. Mi querido colega Fernando Claramunt, con quien algún día de San Isidro, hace años, en la sala Cossío de Las Ventas, alternamos conferencias. No tuve más consuelo que releerlo en silencio. Al azar, tomé: “Toreros de la generación del 98”, me hundí en él, y una cosa llevó a la otra…
1894: Ocho caballos llevaba el coche de “El Espartero” (…)

Revolución, es la palabra mágica en la época… Era un intuitivo precursor de Antonio Montes, “carne de pitón”, y de Juan Belmonte, tantas veces corneado por pisar terrenos del toro… Desperdicios le llamó a su casa y le regaló un estoque como muestra de aprecio y admiración. (Él, que no admiraba a nadie).

Fernando, Fernando…, irrepetible Fernando, te has ido a tus bien vividos 95 años, en plena revolución posmodernista. Descansa en Paz.

lunes, 19 de febrero de 2024

CURRO Y BLANQUITO - VIÑETA 528

 VIÑETA 528
 
Currro y Blanquito
Jorge Arturo Díaz Reyes 19 II 2024
José Blanco Robles “Blanquito”. Foto: Gestauro 
Han vuelto a premiar a Curro Romero. ¿Habrá un torero en la historia que hayan premiado más? Esta vez, la Junta de gobierno de Andalucía, con el trofeo “Costillares” a toda una vida. Fue hace diez días ya, pero nunca es tarde para hablar de Curro.

He leído las noticias, visto las fotos, los videos y analizado los comentarios. Ceremonia, reverencia, en el Hotel Alfonso XIII de Sevilla. Entró al salón, hierático, frente alta, soteniéndose del brazo de Morante de la Puebla. Seníl sí, pero majestuoso. Sin querer, como siempre, brilló entre todos los notables. Su discurso de agradecimiento fue leído por un portavoz. “He intentado hacerlo todo de verdad y no engañar a nadie; ni a mi mismo”.

Y yo a la distancia enterándome y conmoviéndome, volví a mis recuerdos y a ese largo monólogo que sostuvo frente a don Antonio Burgos (qepd), su merecido biógrafo, quien para gratitud de la posteridad lo editó, lo transcribió y lo publicó con un título justo: “La Esencia”, hace 24 años. Uno de los grandes textos de la literatura torera, que con todos los honores puede reposar junto al similar “Juan Belmonte, matador de toros” de Chaves Nogales. Por lo menos en mi humilde biblioteca y en mi sentimiento lo está.

En él, sabio y sencillo, sincero y modesto, con su lenguaje de pueblo andaluz, Curro se cuenta todo, con “luces y sombras”. En la página 122 (de las 400), habla de Blanquito y se define con el relato:
Blanquito era un hombre tan enamorado del arte, que su padre, conserje de la Plaza de toros de Sevilla” y muy gallista. Le dijo de niño:
    —¿Y tú de quién eres partidario? ¿De Joselito o de Belmonte?
    —Yo, de Belmonte.

Porque Blanquito iba buscando el toreo de profundidad, no toreros poderosos y de recursos… y dijo de chiquillo:
    —Belmonte…
Y fue el padre y le pegó una guantá, porque el padre era de Joselito(…)
Y Blanquito cuando me vio a mi torear, me dijo:
   
    —Tú te vienes a Madrid que te voy a presentar un hombre que trabaja y que te puede hacer torero. Diego Martínez Vidal.
Y cuando Blanquito le habló de mi le dijo:

    —Te voy a llevar un torero que torea de cadera a cadera…
Y me decía:
    —Mira la carta que le voy a poner a un periodista que es bueno en Colombia…

Y ponía siempre eso: “Curro Romero torea de cadera a cadera”(…)
 
Blanquito se llamaba José Blanco Robles, después de haber ido (banderillero), aparte de conmigo, con Domingo Ortega antes y luego con César Girón. Murió en el 68.
 
Blanquito había querido ser torero y me hablaba siempre de como toreaba Curro Puya.

Quizá mientras le homenajeaban esa tarde, por la vieja memoria de El Faraón revoloteara de nuevo el fantasma del que tanto influyó para que él llegase a estar allí.

lunes, 12 de febrero de 2024

"INJUSTOS, SÁDICOS Y DESPRECIABLES" - VIÑETA 527

 VIÑETA 527

 
“Injustos, sádicos y despreciables”
Jorge Arturo Díaz Reyes 12 II 2024 
Ernest Urtasum, ministro de Cultura español en el Senado. Foto: El Diario

Hace una semana, Ernest Urtasum, ministro de Cultura de España, asistió al Senado para ratificar su afirmación de que la tauromaquia es “actividad injusta, sádica y despreciable, que nada tiene que ver con la cultura”, y respaldarla con: “Que hay una mayoría de españoles que no comparten el maltrato animal”.

Victorino Martín, presidente de la Fundación Toro de Lidia, terció en defensa de los millones de agraviados con una sólida y argumentada carta, invitando al ministro a dialogar.

Parecería entonces un asunto entre españoles, una cuestión de gobierno y política nacional. Pero no, los insultos, las descalificaciones y el sofisma con que se pretenden justificar trascienden las fronteras. Agreden a muchos más, no solo a los españoles, pues tocan con las concepciones universales de cultura, libertad, democracia.

Nos agrede a todos. No solo a quienes el alto funcionario excluye de la cultura, por “padecer” de cultura taurina. Lo cual contestó muy bien Victorino. Sino que paradójicamente al excluirnos nos incluye. También pertenecemos a la “mayoría que no comparte el maltrato animal”.

Y con más razones demostradas. La tauromaquia no es solo arte, es más un culto a los animales y la naturaleza toda. El credo y la liturgia con que se cría y sacrifica en franca lid el toro de lidia, superan en cuidado, respeto y amor a los que los humanos han dispensado y dispensan a cualquier especie sobre la tierra. La corrida es un rito de honor. Una tragedia, en el concepto griego.

Pero, aun así, considerándonos miembros de esa mayoría no maltratadora, no participamos de la opinión ministerial de que la democracia sea el gobierno de quienes opinan, como dijo el revolucionario norteamericano Thomas Jefferson, que el 51% tiene la potestad de lanzar por la borda los derechos del otro 49%.

El toreo del cual hay testimonios prehistóricos ha sobrevivido milenariamente a muchos prohibidores y seguramente lo haga a la procacidad de un funcionario público (propiedad pública) de cuya gestión quizá no quede ningún recuerdo pasados unos años.

lunes, 5 de febrero de 2024

EL PASADO NO PASA - VIÑETA 526

 
VIÑETA 526
 
El pasado no pasa
Jorge Arturo Díaz Reyes 5 II 2024 
Robleño, Las Ventas 2023. Fotograma: OneToro

Agrupados en un solo cartel, los treinta y un festejos que anuncia Las Ventas entre el 1 de mayo y el 16 de junio, hacen cuerpo. Denominaciones aparte: de abono y no, de feria y no, de homenaje y no, todos uno. El toro de Madrid, el público de Madrid, la exigencia de Madrid, la televisión, la afición y la crítica del mundo enfocadas en el gran ruedo, escenario máximo del toreo. No por estribillo menos cierto.
 
Qué este sí, qué este no, qué a este mucho qué a este poco, qué porque no este con este, qué porque acá y no allá… Cada quién mira desde su lado, y por supuesto, como siempre los americanos; qué como nos trataron, qué si nos lo merecemos, qué no nos pueden ignorar, qué hacemos parte integral de la fiesta que hace agua por este lado del mar. Que necesitamos atención.  
 
Seis, tres mexicanos, un peruano, un colombiano y un venezolano. Calita, Leo Valadez, Isaac Fonseca, Roca Rey, Juan de Castilla y Jesús Enrique Colombo, respectivamente. Los dos últimos con los miuras el 19 de mayo. Los tres primeros en carteles de poco fuste y “garantía” que llaman las figuras, y solo el peruano por derecho propio en dos, en los que la mayor importancia la da su propia presencia. Ninguno, salvo este en la De la Cultura, en las corridas de postín (Prensa, Beneficencia, In memoriam, Homenaje).
 
Claro, la atención hay que ganársela y sobre todo allí. Además, la empresa que se juega su plata y responde tiene la potestad de organizar a su real saber y entender, y también de sorprender mucho, haciendo de su propio torero, el ahora opaco Alejandro Talavante, base de la temporada con cuatro lujosos carteles cuatro, y cuatro “prometedoras” ganaderías. De no creer. Cuando hay tantos a la espera y el negocio clama por meritocracia y renovación.
 
Esperaremos, cómo cada año el milagro que Madrid alumbra de cuando en vez, erigiendo un nuevo ídolo, un ignorado que se abra pasó contra toda dificultad, como aquel que dejó vislumbrar el mencionado extremeño a principios del siglo, cuando siendo novillero instruido por Antonio Corbacho se quedó tan quieto en los medios que nos dejó a todos boquiabiertos.
 
Esto es duro, siempre ha sido así. El pasado no muere, ni siquiera pasa, dice Gowan Stevens, el atormentado personaje de Faulkner en “Requiem por una monja”.

lunes, 29 de enero de 2024

UN ASUNTO DE HONOR - VIÑETA 525

 VIÑETA 525 

Un asunto de honor
Jorge Arturo Díaz Reyes 29 I 2024 
Roca Rey 2023. Fotograma: OneToro 
Figuras del toreo americanas, en América muchas, que lo hayan sido también máximas en España, muy pocas. Pueden contarse con los dedos de una mano, más uno quizá. Figuras digo, de tauromaquia, de afición, de multitudes, de contratos, de mandato.
 
El más reciente caso, sin duda, Andrés Roca Rey. El joven peruano, puntero actual del escalafón, y dueño de las taquillas, que con su personalidad y toreo veraz ha cautivado los públicos hispanos y del mundo, (con petardo y todo, acaba de llenar La México, la plaza más grande del mundo) y gran parte de la jamás unánime crítica. Liderato pretendido por todos, de propiedad tradicional española, que solo han interrumpido en la historia esporádicamente los ultramarinos…
 
Mariano Ceballos “El Indio”, salido de Acho a finales del Siglo de las Luces, que montaba los toros asombrando la Península hasta que murió en la plaza de Tudela. Tanto impacto tuvo, que fue inmortalizado por Goya en cinco de sus obras, más que cualquier otro torero.
 
Rodolfo Gaona, el mexicano, que a comienzos del siglo XX se acaballó en dos épocas; la de Bombita y Machaquito y luego la de Joselito y Belmonte. De quien escribiera el historiador español Néstor Luján: “Gaona fue un artista extraordinario… la elegancia más auténtica de la Fiesta, solo comparable, según los aficionados antiguos, a Lagartijo…
 
Fermín Espinoza “Armillita” en la Edad de plata, puntero del escalafón en 1935. Cuyo predicamento llegó a ser tal, que los españoles se negaban a torear con él, y sin querer forzó el gesto suicida de Victoriano de la Serna en Las Ventas, cuando a este, alternando con Domingo Ortega y Manolo Bienvenida, la plaza en coro les reclamaba “México, México”. A lo cual el segoviano contestó arrojando los trastos y tirándose de rodillas a esperar la cogida (que ocurrió) gritando “España, España”.
 
Carlos Arruza, el espectacular “rival” mexicano de Manolete, que lideró las estadísticas con 108 festejos en 1945, y se negó a sobrepasarlos por respeto a Belmonte, quien por entonces poseía el récord con 109 desde 1919. Y que al final dejó de torear allá por la ruptura del convenio sindical entre los dos países.
 
César Girón, el moreno venezolano que a mediados del siglo XX se hizo dueño de las concurrencias y las clasificaciones. Con gestas como aquella de cortar dos orejas y rabo, dos veces consecutivas, con solo dos días de diferencia, en La feria de abril de Sevilla, y que encabezara los años 1954 y 56. “Fue la bizarría, la gesta y la casta”, le definió el escritor asturiano José Luis Suárez-Guanes de la Borbolla.
 
César Rincón, el colombiano, que descubrieran Joaquín Vidal (“César Rincón sube a los cielos”) y Madrid en 1991, abriéndole, nunca antes ni después a nadie, cuatro veces consecutivas la Puerta Grande de Las Ventas aquel año, más otras dos andando el tiempo, y quien defendió su primacía entre dos siglos ante toda la élite de su tiempo.
 
Y pare de contar. Gustos y afectos aparte no son más. Los hechos y los historiadores lo dicen. Fue natural y afortunado que frente a ellos el orgullo torero español se picara. Es su “Fiesta nacional”, su creación, su herencia… fuera de parentescos culturales. Y aunque algunas veces llegaron hasta el veto y el “rompimiento”, ello jamás fue óbice para que al final haya sido la valía de cada uno la que lo pusiera en el corazón y en el recuerdo del pueblo y lo enriqueciera.
 
Ahora, la polvareda mediática que la enemistad del reinante Roca Rey con el acreditado y temperamental retador Daniel Luque, provoca su negativa a alternar con él (¡un americano apartando a un español, y en España!), mucho me temo, pueda exacerbar la xenofobia minoritaria (por fortuna), que al impulso de los vientos que corren por el mundo ya ha brotado en Las Ventas y de pronto en otras plazas.
 
El limeño dice, “toreo con quien quiero” (su derecho sí), pero el de Gerena, con todos los méritos, desafía: “me vetas, me rehúyes”. Entonces, a despecho de fueros y muchos antecedentes continentales inversos, no caben más consideraciones.
 
Roca Rey debe recoger el guante que le han arrojado, aceptar la confrontación; mano a mano, en terna, en sexteto, con el hierro que sea, donde sea y cuando sea. Es lo valiente, lo caballeroso; un deber de justicia, hombría y honor. Todo eso puede sonar melodramático, anticuado, quijotesco si se quiere, pues para desgracia de la humanidad, son valores en abandono, pero por ello mismo los que siguen justificando la existencia de la Fiesta.
 
Sin embargo, ya el célebre Domingo de Resurrección en Sevilla no podrá ser. El cartel ha sido cerrado por la empresa y, además a quien sacarían o a quien

lunes, 22 de enero de 2024

PACIENCIA, PACIENCIA... - VIÑETA 524

 VIÑETA 524
 
Paciencia, paciencia…
Jorge Arturo Díaz Reyes 22 I 2024 
Las Ventas. Foto: Juan Pelegrín, Comunidad de Madrid
Que la cartelería está revejida. Qué hay una gerontocracia. Que no hay renovación. Que se han tomado 75 alternativas en los últimos tres años y no hallan sitio. Que hay vetos. Que como decía tres días atrás en El País Antonio Lorca “la fiesta de los toros quedó anclada y paralizada”. Qué los empresarios y su indispensable rentabilidad tienen la culpa… ¿Será posible?
 
Vamos a ver. ¿Qué contratan los empresarios? Pues lo que la gente quiere ver, toros y toreros. De Perogrullo, no hay ni hubo uno que no sepa, qué al menos en esto de pagar boleta, el cliente siempre tiene la razón. Su negocio es llevarlo a la plaza y a las pantallas ahora. No al contrario. Independiente de circunstanciales marrullas, intereses cruzados y maniobras oficinescas, que siempre han existido.
 
¿La responsabilidad es entonces del público? ¿Pero, es autónomo el público en sus gustos y decisiones? No del todo. La opinión general, y en ella la taurina, por supuesto, está movida por una fuerza mayor; la publicidad, directa y subliminal. Que cotiza y devalúa, reparte fama y anonimato, construye y destruye prestigios, a gusto del anunciante. Lo sabe todo el mundo. Nada escapa.
 
Claro, sin embargo, en el toreo, arte real de vida y muerte, suceden cosas y reacciones que desbordan esa fuerza. Verdades tan de bulto que hay que asumirlas porque sí, a las buenas o a las malas, y que ni los más ladinos pueden tergiversar. Pero eso es otra cosa.
 
Antes eran el toro a los cinco y el torero a los veinticinco. Hoy, el toro a los cuatro (si acaso) y el torero a los treinta y cuatro y más. Por ejemplo; Excluyendo a Roca Rey quien lideró el escalafón 2023 a los veintisiete años. Los nueve que le siguieron con más contratos entran en esta última definición, en su orden: Talavante 36, Castella 41, De Justo 41, El Fandi 42, El Juli 41, Manzanares 42, Morante 44, Luque 35, Perera 40..., y Ponce anuncia regreso con 52. Toreros maduros todos, con más de 22 años de alternativa promedio. Alto, sí ¿Pero la veteranía es mala?
 
Más abajo figuran: Juan Ortega 32, Pablo Aguado 33 y Ferrera 46, con la llamativa intrusión de Tomás Rufo a sus 24 años y 2 de alternativa en el puesto 12 de las estadísticas contractuales. Las matemáticas no mienten. Es lo que los empresarios venden, porque es lo que la gente compra. Dígase lo que se diga, ningún otro de los jóvenes emergentes (fuera de Roca Rey) ha impactado lo suficiente al público y los medios para copar la demanda.
 
Como pasó cuando, cada uno en su época: El Espartero con 21, Joselito “El Gallo” con 17, Chicuelo con 17, Manolete con 21, El Cordobés (padre) con 24, Camino con 18, José Miguel Arroyo con 17, El Juli con 16, comenzaron a reventar taquillas, bajar íconos de los pedestales, y algunos de ellos, ustedes saben cuáles, necesitaron apenas ocho años de alternativa para lograr la “inmortalidad”. Belmonte se retiró (primera vez) en la cumbre de la historia, a los 28 años, también con ocho de carrera.
 
¿Quién hoy (empresas y medios aparte) irrumpe así? ¿Cuál reta con tan arrolladora fuerza? ¿Cuál con sus hechos es capaz de arrobar el imaginario colectivo y desplazar de él a los mayores? ¿Quién aprovecha las pocas y casi únicas oportunidades para oficiar canónicamente la ceremonia y el sacrificio supremos, evocar la pureza original y cautivar las masas? ¿O es que acaso existe y los filtros no lo dejan ver? No creo, a nadie convendría. Repito, en el ruedo no se puede tapar el sol con un dedo.
 
Pero paciencia, paciencia… tenemos uno, tarde o temprano saldrá otro, quizás varios al tiempo. Ha ocurrido siempre. Si no es ya no pasa nada. Vendrá. La fiesta renueva sus ídolos por propia y natural evolución, no a capricho de nadie. Sin importar que algunos, bien agenciados, logren apoltronarse por un tiempo.
 
Cuidado con el esnobismo. Con ese clamor petimetre de qué a falta del advenimiento inmediato de una camada deslumbrante de novicios, nos la inventemos. O debamos declararnos “anacrónicos”, y feriar los principios y la liturgia, en aras del transformismo.
 
Sí. La historia del toreo esta jalonada por las figuras, que a su tiempo fueron novedosas, pero por su personal y esencial verdad. Cierto. Como no lo es menos que la tauromaquia culto milenario y la corrida, su rito, son ambos más importantes que quienes temporalmente las ofician. Significa más la misa que el cura. Frente al toro el que vale, vale. Joven o viejo…, torero.