VIÑETA 614
Aquellos
sesenta… (XVI)
Jorge Arturo Díaz Reyes, Madrid, España, 8 VI 2026

Juan García “Mondeño”. Foto: M.G, Diario de Sevilla
Bueno, aunque sea lugar común, para mantener el
contexto hay que repetirlo una vez más. Madrid, su plaza de Las Ventas, para
bien y para mal es la plaza de las plazas. La que con razón o sin ella “da y
quita”. La que vela por la tradición. La que dicta la moda. La que da el buen y
el mal ejemplo. La insoslayable. La que ha hecho de su feria de San Isidro el
tiempo taurino supremo de cada año, el concilio, el mundial, el juzgado mayor.
En la que lo que pasa, y aun lo que no pasa es historia.
Cuando Livinio Stuick la fundó con solo cinco corridas
iniciadas en la fecha del santo, algunas figuras del momento, de Manolete abajo,
no concurrieron. Quizá por considerarla un embeleco de poca repercusión y
futuro. No vinieron, no pasaron, pero con ello también hicieron historia.
Y la verdad es que los hechos, en principio, parecieron
haberles dado la razón. El toro inaugural, “Capachero”, de Del Corral, lidiado
por Rafael Ortega, estoqueador proverbial, se devolvió vivo al sonar los tres
avisos, y Antonio Bienvenida fue cogido gravemente. Por si fuera poco, en todo
el serial no se pudo conceder ninguna oreja. Además, las entradas no fueron prometedoras.
Pero el tenaz sembrador no se rindió ante la primera mala
cosecha. El patronato, la leyenda y la estadística comenzarían a crecer, debió
pensar. Un año después, 9 de mayo del 48, le otorgaron la primera oreja a “El
Andaluz”. No había cumplido yo los tres años.
Ayer, aun a mis ochenta, terminé de apurar completas las
27 corridas consecutivas en esta plaza, durante las cuales, al tiempo con las
crónicas he continuado evocando aquellos particulares sesenta. Mañana regreso a
Colombia. Tan seguro como reza el cliché, de que no se puede caracterizar ninguna
época, desde 1947 acá, sin tomar como señal de identidad, lo que ha pasado y no
ha pasado en esta feria. Los once sanisidros transcurridos del 60 al 70, por
supuesto fueron capitulares.
El de 1960, realizado entre el 15 y el 26 de mayo, y que
cronológicamente abrió el período, se anunciaba en el cartel oficial como
“Semana de San Isidro”. Contó con diez corridas, en cuyos carteles se repetían,
por partida doble, los nombres de las principales figuras del momento: Antonio
Bienvenida, Manolo González, Antonio Ordóñez, Manolo Vázquez, Julio Aparicio,
Pedro Martínez “Pedrés”, Luis Segura, Antonio Borrero “Chamaco”, José Julio, y
los jóvenes emergentes Diego Puerta, Curro Romero y el confirmante Juan García
“Mondeño”.
Con un festejo figuraron: Emilio Redondo, Manuel
Carra, Limeño, Luis Garcés, Curro Montes y Alfonso Ordóñez.
A lidiar reses con los hierros de: Antonio Pérez de
San Fernando, Galache, Atanasio Fernández, “Barcial”, Alipio Pérez y Sánchez, Clemente
Tassara, Pablo Romero, Conde de Mayalde y Fermín Bohórquez.
El 20 de mayo, en la tercera de feria, con lleno
total y asistencia de don Juan Carlos de Borbón, entonces Príncipe de Asturias,
confirmó alternativa uno de los toreros que con su personalidad y carrera caracterizarían
más el espíritu alternativo de la época, Juan García Jimenez, “Mondeño”. Nacido
veinticuatro años antes en una humilde choza de Puerto Real, había llegado al
toreo como única vía de redención social. No fue aficionado, una vez se hizo
rico abandonó la profesión y en general el mundo taurino y vivió al margen de
la fama, trashumante, coleccionista de carros antiguos, Gourmet y reconociéndose
gay, cosa insólita para época y profesión. Fue célebre su retiro temporal (año
y medio) en 1964, para recluirse como fraile dominico en un convento, y su
regreso a los ruedos después, hasta el abandono definitivo en 1970.
Su Pareja y viudo, el alemán Ralf Bunger, dijo de él
para los realizadores de un documental biográfico póstumo “El torero místico“: “Es increíble
que hiciera algo tan bien gustándole tan poco...”
Había debutado con caballos en el Puerto de
Santa María, a los 22 años, y diez meses después, abierto la Puerta del
Príncipe de la plaza de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla como
novillero. Tomando allí mismo la alternativa, el domingo de resurrección, de manos
de Antonio Ordóñez, con Manolo Vázquez como testigo, y toros de Moreno Guerra. A
partir de ahí se disparó su acogida por los públicos y su alternar con las
principales figuras de los sesenta.
¿Cómo toreaba? Mejor que intentar describir mis
recuerdos de su paso por Colombia en el 61 y el 62, transcribo la mejor
semblanza de su tauromaquia redactada por Álvaro Rodríguez del Moral para “El
Correo de Andalucía”, hace siete años:
“Algunos
testigos de sus mejores años han querido ver en sus particulares formas un
precedente remoto del concepto de José Tomás e incluso un epígono de Manolete.
Hierático, vertical, solemne y dueño de un contrastado valor, hacía de la
cercanía al animal toda una puesta en escena que enardecía a los públicos a
pesar de su aire taciturno, casi místico. José María de Cossío, autor de la
célebre enciclopedia taurina que tomó su nombre, escribió de él: “Practica su
toreo con una quietud desasosegadora para el público, en un terreno
inverosímilmente corto, y con un valor frío y sereno”.
Mondeño, torero suigeneris de una época
suigeneris, ha quedado como uno de sus caracteres…, desde que Madrid lo confirmara
en el San Isidro del 60.





