VIÑETA 605
Aquellos sesenta… (VII)
Jorge Arturo Díaz Reyes, Cali,
Colombia, 6 IV 2026
Como el idioma, el toreo hispanoamericano, más que
resultado de una fusión simétrica ha tenido en su origen español el carácter
dominante, casi exclusivo. Solo diferenciados por algunas expresiones
autóctonas minoritarias, acentos regionales, y estilo personal de lidiadores y hablantes.
La lengua es la patria.
Y lo seguía siendo entonces, pese a la influencia mundial
angloparlante, intensificada después de la bomba sobre Hiroshima, la cual, incluida
la escalada antitaurina, haría pico cuatro décadas después con el Internet.
En América, La Fiesta se hacía con música, cánones,
reglamentos, empresas, “figuras”, textos, escritores, historiadores, maestros,
periodistas y publicistas españoles; así como cada vez más con toros
(ganaderías) de genética peninsular certificada, cuando no importando los encierros
directamente para la ocasión. Por ende, los profesionales, públicos y la
afición en particular (peñas), atesoraban una representación idealizada de la
pureza y clasicismo, una estética, un gusto, casi exclusivamente hispanos.
Incluso, los más snob, imitaban cotidianamente los aires, los atuendos y el
argot andaluz. Llegando hasta la hostilidad hacia cualquier “impura” expresión indígena,
por más consanguínea que pudiera ser. Es su arte (no el nuestro) sentían.
Rasgo colonial. Aunque la explosión libertina, multicultural
y contestataria de la época se reflejara en los ruedos folclóricamente. Recuerdo
a Eloy Cavazos, en Cañaveralejo, tras una faena muy terrígena, iniciar su vuelta
al ruedo en contrario, y pidiendo a la banda que le cambiara el pasodoble de
homenaje por “Adelita”, corrido revolucionario mexicano, y al peleón Pepe Cáceres
exigiendo “El Bunde Tolimense” himno de su tierra. Con división de opiniones en
la concurrencia, claro. Bueno, eran exaltaciones nacionalistas gestuales que no
pasaban de ahí. Lo cierto es que se continuaba y se continúa toreando como Dios
(y España) mandan. Con los matices ya señalados, desde luego.
El toreo ultramarino, mejor dicho, sus toreros más populares
solo llegaban a consolidarse como “figuras” locales, una vez los confirmara
Madrid. Allí, la verdad sea dicha, los empresarios Jardón y Stuick daban lado. Para
la década: en México, Manolo Martínez, Eloy Cavazos. En Colombia, Pepe Cáceres
y Joselillo. En Venezuela los Girón, César y Curro ya consagrados desde los cincuenta...
Y con éxito no pocas veces. Por ejemplo, la corrida
nacional, fuera de abono, el 6 de enero de 1961 en Cali, Con toros vallecaucanos
de Fuentelapeña (Pinto Barreiro). Lleno total, sol, calor, mano a mano de Joselillo
de Colombia, que acababa de ganar el trofeo de la feria frente a las figuras
españolas, y su rival Pepe Cáceres. Cortaron cinco orejas, y el caleño rechazó
el rabo concedido del tercero. Baste recordar que llegaron los dos a hombros de
la multitud hasta el distante (6 kilómetros) Hotel Alférez Real (ya destruido) en
el centro de la ciudad. Ídolos, con detractores locales por supuesto, como
hemos dicho.
Por aquellos años, Gabriel García Márquez frecuentaba la
Santamaría de Bogotá y escribía ocasionalmente sobre toros, y el presidente de
Colombia Guillermo León Valencia (gran aficionado), leía su ya célebre
conferencia “La política y los toros” en la peña taurina madrileña “Los de José
y Juan”, y luego la repetía en el aula máxima de la Universidad de Salamanca (1969)…:
“Un amigo colombiano me preguntó, quienes eran José y Juan y yo le respondí:
los sucesores de Alejandro y César...” Con tal referencia a esos dos implacables
conquistadores empezaba.
En Acho, la plaza más antigua de América, México D.F.,
la más grande del mundo, Iñaquito inaugurada en 1960 por Luis Miguel Dominguín,
Pepe Cáceres y Manolo Segura, y otras, reinaban en paz los espadas de uno y
otro lado del mar. Más los de allá, por supuesto: Puerta, Camino, El Viti, Ordóñez,
Ostos, Curro, Palomo, Paquirri, Miguel Márquez, Teruel… y sobre todos El Cordobés…
Sin que la denominación de origen cuarteara la
hermandad, y pese a la natural competencia en el ruedo, y a eventuales ninguneos
en carteles, sorteos, premiaciones... Por decir algo, que suertes de creación
americana, como la “Cacerina” colombiana (variante de la Tapatía mexicana), fueran
rebautizadas en la península con nombres españoles. “Rogerina”, en este caso. Nada,
la fiesta in crescendo, allá y acá, con soles y sombras como siempre.
Un par de acontecimientos pintorescos quizá puedan
ilustrar el tono de la época. En Manizales, el 9 de enero de 1970, a plaza repleta,
segunda corrida de la feria, encabezaban el paseíllo: Pepe Cáceres, El Cordobés
y Palomo Linares, para lidiar toros de “Pueblito español” (Santacoloma),
ganadería cundinamarquesa de la inolvidable y poderosa Isabel Reyes de Caballero.
Ya en la puerta de cuadrillas, pasodoble al aire y aplausos. El Cordobés a la
derecha, levanta la cabeza y mira de frente al palco presidencial,
identificando en él como asesor al famoso cronista bogotano, Eduardo de
Vengoechea y Baraya, reconocido palomista.
De pronto El “Huracán” de Palma del Río gira sobre sus
talones y exclama: Me voy, si ese señor está en el palco, yo no toreo.
Desconcierto, pánico en la plaza... —¡Que El Cordobés no torea! —En respuesta
inmediata, el alcalde, ordena bajar fulminantemente (sin debido proceso), al
cuestionado asesor. Manuel volvió sobre sus pasos y la corrida se dio con
éxito. Después, interpelado por el defenestrado, contestó el burgomaestre sonriente
y conciliador: —Muy sencillo mi querido Eduardo, asesores hay muchos,
Cordobés solo uno.
Y otra. Pasado el tiempo, le preguntaron a Paquirri en
España; ¿Maestro, que es lo más raro que le ha pasado en su vida torera? —Contestó:
—toreaba yo, a fines de los sesenta, en una plaza de la costa atlántica
colombiana llamada Sincelejo (tierra de corralejas), y sentía que lo estaba haciendo
bien, pero la gente coreaba, !mierda! a cada pase. Me arrimaba más, y los ¡mierdas!
aumentaban. Luego supe que allí, esa palabra es también expresión de admiración,
sorpresa y elogio. —Cosas de la (con)fusión cultural taurina, entonces…

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Palomo Linares pasea el rabo de “Cigarrón” en


