martes, 22 de septiembre de 2020

TODOS AL AGUA - VIÑETA 373

Viñeta 373
 
!Todos al agua!
Jorge Arturo Díaz Reyes, Cali septiembre 22 de 2020
 
Titanic. Oleo Willy Stöwer, https://commons.wikimedia.org/
Simón Casas es el gran capitán de la fiesta. Comanda su buque insign
ia “Las Ventas” y otros de gran calado. Cuanto dice trasciende. Condición del rango. Más ahora, cuando con mar tormentoso su flota libra una batalla quizá definitiva, quizá última.
 
En circunstancias tales, frases que fuera de contexto sonarían simples, adquieren dimensiones épicas. La historia se complace atesorándolas.
 
César entrando en las Galias: La suerte está echada… Ricardo III, cercado en un lodazal de Bosworth: Mi reino por un caballo… Barreiro acorralando a Bolívar en el Pantano de Vargas: ¡Ni Dios me quita la victoria! McArthur huyendo de las Filipinas: ¡Volveré!
 
Pues anteayer, Simón, transbordado a Nimes, buscando las aguas más propicias de La Vendimia, soltó tras la corrida, una no menos impactante: “Sí el barco de la fiesta se hunde todos somos responsables” Y agregó: “Todo el mundo, desde los profesionales hasta la prensa”.
 
Ese mismo “todo el mundo”, al que semanas antes había hecho saber por medio de su contramaestre, que Madrid no daría toros este año. Mejor dicho, que el gran portaaviones de la armada no entraría en combate.
 
Bueno, ya que andamos en metáforas navales, sigamos la corriente y recordemos también que bravos capitanes se han hundido con sus barcos. Prefiriendo morir antes que abandonar ningún pasajero, tripulante, o el patrimonio que se les confió. Código de honor.
 
Frente a Finisterre, hace 138 años, el capitán y la tripulación entera del Douro, excepto el oficial al mando de los botes salvavidas y dos marineros para gobernar cada uno, se fueron al fondo sin queja, tras poner a salvo todo el pasaje. Edward John Smith, impasible se sumergió con su Titanic. Hans Langsdorff, se envolvió en la bandera de combate del Graff Spee y se pegó un tiro, avergonzado por haber sobrevivido.
 
De otro lado, no ha mucho, al italiano Francesco Schettino le condenaron a 16 años de cárcel por escapar del Costa Concordia y al surcoreano Lee Joon-seok a cadena perpetua por abandonar el Sewol; naufragios donde desaparecieron centenares de personas. Dejar la nave sin liderazgo en trance crítico, fue lo que más pesó en el criterio de los jueces.
 
No vale a un capitán que naufraga distribuir la responsabilidad entre todos y subirse a un bote salvavidas. Gaje del oficio que debe tenerse presente antes de aceptar la jerarquía. Pero en fin, mejor no comparar la fiesta con un barco a pique. 

martes, 15 de septiembre de 2020

¿PARA VERDADES EL TIEMPO? - VIÑETA 372

 Viñeta 372
 
¿Para verdades el tiempo?
Jorge Arturo Díaz Reyes, Cali septiembre 15 de 2020
 
Fragmento cartel novilladas andaluzas 2020. www,burladero.tv
La historia no es como es sino como la cuentan. No sé cómo contarán los historiadores taurinos este año de la peste. Lo que sí sé, porque siempre ha sido así, es que independientemente de los hechos, los indicios, las pruebas, los testimonios, los matices, las contradicciones, al final se impondrá un relato único, el sentir colectivo.
 
En siglos anteriores fue más difícil sustraerse a él. Primero, debido a la lejanía de todos con los acontecimientos, estos no podían ser desmentidos sino por los pocos testigos presenciales o los protagonistas. Segundo, porque oponerse a la “verdad” general siempre ha sido problemático.
 
En esta época, cuando todos estamos ahí viendo a través del Internet; “en directo”, desde múltiples ángulos, encuadres, aproximaciones, velocidades y repeticiones, cada quien puede construir y difundir su propio relato. Parecería que ya la cosa es otra cosa.
 
Pero no, nuestra misma subjetividad, preferencias, deseos nos engañan. Además, la edición y la interesada narración simultánea, que nunca faltan, son capaces de volvernos el día noche. Somos influenciables. Mucho. Que lo digan el cine, la publicidad y las transmisiones de futbol.
 
¿Cuántas veces frente a la pantalla (TV o PC), la voz “autorizada” o el texto nos hacen ver que lo que no vemos, y lo creemos, y le damos “like” y lo reenviamos? Que cada cual se ponga la mano en el pecho y se conteste.
 
Entonces, volviendo al ruedo actual ¿cuál será la historia? ¿Quién puede asegurar que los que ahora están luchando a brazo partido por mantener el culto vivo luego no quedarán como villanos? ¿Que los que se inhiben no serán sus acusadores? ¿Que los que cargan la suerte no serán ignorados? ¿Qué los que reniegan no serán aclamados? Hoy es pronto para saberlo, mañana será tarde para esclarecerlo.
 
Entonces, aunque aún viendo lo que pasa cueste discernir con certeza méritos y deméritos de cada uno; aficionado, ganadero, torero, empresario, crítico, periodista, político, autoridad…, vale intentarlo personalmente, recordarlo y no dejar nuestra juicio y gratitud a otros o a las tardías e inciertas verdades del tiempo. Es cosa de honor e higiene de conciencia.

martes, 8 de septiembre de 2020

HONOR DE FILÓSOFO - VIÑETA 371

Viñeta 371
 Honor de filósofo 
Jorge Arturo Díaz Reyes, Cali septiembre 8 de 2020
  
Hércules y el toro, cerámica griega 470 AC. Foto: https://commons.wikimedia.org 
En estos días de muerte, bandadas de aves vuelan en círculo sobre la tauromaquia. Cada vez más cerca, cada vez más ávidas, cada vez más oportunistas.

Las negras alas ensombrecen el cielo de los toros en Madrid, México, Lima, Bogotá, Lisboa, Quito, Barcelona, Cali... Los enrojecidos ojos adivinan una res vieja, debilitada por males preexistentes, acosada por la pandemia y tirada en el campo. Los hoyos encima de los corvos picos inhalan cadaverina. Las garras filosas presienten carne. Las calvas cabezas deliran por jirones de vísceras. La indefensión les excita.

Las hay de diversa especie; políticos de rango nacional, municipal o veredal; periodistas, intelectuales, artistas, filósofos, charlatanes, “Infuencers” de variado alcance. Oportunistas todos, intolerantes todos.

Adeptos escapan. Reconocidos campeones de la causa, arrojan sin pudor sus armas y corren. Unos despavoridos, otros con vergonzante disimulo, y no falta quien cambiando de bandera se revuelve contra lo jurado buscando algún despojo.

En mi cotidiana revista de prensa encuentro ayer en El Mundo, un insoslayable artículo de Juan Diego Madueño:  El desencanto de Víctor Gómez Pin: “La tauromaquia ha de medir su abismo". Que se anuncia como su insistencia en la defensa de la fiesta, lo cual definitivamente no es. Todo lo contrario.

El connotado pensador y aficionado catalán, fruidor de aquel toreo próspero que florecía en su región antes del anatema y contra el cual rompió lanzas, acaba de publicar: “El honor de los filósofos”. Libro prolijo de 600 páginas, del que solo he alcanzado a leer el sustancioso prólogo.

Pero volviendo con sus confesiones a Madueño, de que ya no le interesa la defensa de la tauromaquia, porque después de haber repetido tantas veces los mismos argumentos, "me da vergüenza… No voy a repetirlos ni una vez más".

Aduciendo ahora que desde su posición de viejo izquierdista sesentayochero (Paris, La Sorbona) rechaza la connivencia taurina con la ultraderecha, “que en ocasiones se sirve meramente de la tauromaquia como la sangre de un perro famélico sirve a la garrapata…, que elige a un torero como personaje emblemático” (¿Morante?). Clama que a su amigo Antonio Ordóñez nunca se le hubiera ocurrido hacer algo parecido.

Pues ello incluso ha permitido a un miembro de Unidas-Podemos, llamarla “franquismo resucitado” y a los aficionados, bárbaros. Como en un lánguido deja vú lamenta: ¿se da cuenta del peso de sus palabras, de la ofensa profunda…, de lo que significa tratar a millones de personas como bárbaros?

Pero concede, “Hay varias causas que la han colocado ahí (a la tauromaquia, en el abismo)… Una de ellas antropológica… El conocimiento de alto grado... se ha expandido en imperativo de que la instrumentalización no sólo no debería afectar a los seres humanos sino que la niega a cualquier ser que sea susceptible al sufrimiento.”

Concluyendo: “…Esas dos cosas, el animalismo y la política, hacen muy difícil a los defensores de la tauromaquia (él ya no lo es) sustraerse de las críticas… Tiene que saber que es una minoría y debe aceptar el devenir intelectual del mundo… Cuando hay un gran peligro hay que tener una gran respuesta. La tauromaquia no la tiene".

Para invitar finalmente a digerir la derrota total, de la cual huye, sollozando por sus recuerdos: “¿Tirarán las estatuas de los toreros? "¿Qué va a pasar en Ronda? Hay monumentos... No sé si los respetarán”.

Ante todo eso, también yo me pregunto si en el “honor de los filósofos” (correspondencia entre pensamiento y comportamiento) caben oportunismo, apostasía y deserción. Así sea con el triste pretexto de que “Ahora, en Barcelona, hay más mascotas que niños”. Esta curiosidad por sí sola me obliga comprar el libro.

martes, 1 de septiembre de 2020

TIEMPOS VIRTUALES - VIÑETA 370


Viñeta 370

Tiempos  virtuales
Jorge Arturo Díaz Reyes, Cali septiembre 1 de 2020

Foto (fragmentó pixelado): https://www.las-ventas.com

¿Vemos lo que vemos? Por supuesto que no. Vemos lo que creemos ver. El ojo recibe las imágenes, las proyecta invertidas en la retina, esta las convierte a impulsos eléctricos, las envía al cerebro que las voltea, las ubica, las identifica, les da volumen, dimensión, forma, etc. El proceso dura unas trece milésimas de segundo. Casi nada, pero de todos modos lo que vemos además lo vemos, en pasado. Reciente, pero pasado, al fin y al cabo.

El ojo tampoco recibe colores. Capta longitudes de onda luminosas. Solo una parte de ellas, las otras no. Las que admite las interpreta como colores (unos diez millones de tonalidades entre violeta y rojo). ¿De qué color son las otras? Nadie lo sabe.

Esta virtualidad se ha expandido en los tiempos nuestros. Rotulados de la “posmodernidad” y más que otros, los de la imagen, de la realidad simulada, de las cosas no son como son sino como parecen. Del arte no formal, del surrealismo, la psicodelia, el teatro del absurdo, el cine digital, el viedeojuego vívido, la televisión omnipresente, el internet ubicuo y el ambular por la otra dimensión; el ciberespacio

¿Cuándo empezó esto? Quizá no, como su apodo sugiere, al decaer el “modernismo”, sino al tiempo con él, o paulatinamente antes, mucho antes. Imposible precisar. Son marcas arbitrarias, no científicas, referencias de tendencias culturales que como las modas han ido y han venido, a necesidad de cada período. Expresiones de la vieja búsqueda humana de mundos alternativos; simbologías, iconologías, mitologías.

Desde marzo pasado, cuando se reconoció esta pandemia y cundieron alarma, miedo al otro, distanciamiento social, encierro… la virtualidad se hizo casi total. El abandono del escenario y la reclusión impusieron el teletrabajo, el teleocio, la telerrealidad, la televida y el extrañamiento. Seis meses ya.

Durante ellos, Enrique Ponce ha toreado, el que más, una decena de corridas. Bien por él. Pero aritméticamente menos de la décima parte de las toreadas en 1918 por Joselito El Gallo (104), cuando otra peste respiratoria (gripa española) mató más de cien millones de personas. Esta vez no hemos llegado al millón y ojalá no llegáramos.

Sí, los festejos han disminuido mucho, por contra los trofeos se han multiplicado más. Y es inevitable preguntarse, volviendo al principio: ¿Realmente se está viendo lo que se ve, toro, torero y toreo? ¿O también estamos virtualizando de más en esto por el virus?