VIÑETA 625
Aquellos
sesenta… (XXVI)
Jorge Arturo
Díaz Reyes, Cali 24 VIII 2026
Portada libro, editorial Guadarrama.
Aunque discreta
la retirada de Clarito, el quizá más formidable crítico taurino de la historia,
clausura la época. Se despidió a sí mismo con solo una irónica frase, última de
sus memorias publicadas en 1972: “Aquí fina mi papel de Fray Gerónimo”
“Fray
Gerónimo de Campazas, alias Zotes”, burlador de los excesos, la pedantería y el
mal gusto de su tiempo. Personaje ficticio de la novela de Jose Francisco de
Islas en 1758.
Cuando las
escribió (Las memorias) Clarito había sido ya testigo y cronista de: La “Edad
de oro”. La de “Plata”. La manoletista. Los tremendos cincuenta, y aquellos
sesenta, dedicándole a estos los capítulos 16 al 19, últimos de su libro.
Lo hizo no
sin antes barrer el piso con Hemingway, cobrándole las blasfemias contra su
mandamiento: «El toreo está tan lleno de Manolete como los cielos y la
tierra de la voluntad de Dios». Llamando al premio Nobel con argumentos; chiflado,
escritor pobre de mal oído, y aurea mediocritas.
Después de
tal ajuste de cuentas, acomete Clarito el recuento de su final década crítica,
la que nos ocupa. La memoria del ilustre
riojano hace cuerpo con mis recuerdos y los enriquece. Cómo esquivar sus
conceptos, evaluaciones, frases que han trascendido, repetidos hasta la
saciedad, hasta ser convertidos en adagios, en lugares comunes como sucede con
todos los clásicos. Como no volver una y otra vez a su clarividente prosa. Como
soslayarlo en esta o ninguna otra evocación. Así comienza:
“Antes de
irse los años cincuenta dan a luz, para que sienten sus reales en la época
venidera, tres toreros de alternativa –Mi pluma veterana se resiste a usar el
viejo apelativo matador de toros”. Diego Puerta, Curro Romero y Paco
Camino.
Del primero
dice: —Puertita— sume su alegre pinturería en un carácter volcánico. Su
toreo, al rojo, eleva y realza su breve estatura. Lejos de salirle la sangre
buena por las heridas, se levanta encorajinado, sobrándosele el valor por
encima de la montera. Recrecido en vez de rebajado por el cruento rosario de
cornadas, se la juega una y otra tarde con un toro y otro, sin distingos ni
reparos. No existe en los anales de la torería de altura rastro ni huella de un
valiente semejante…Puerta —casado, con hijos y una buena fortuna— continúa
sostenido por su inmarcesible coraje y guiado por sí mismo, entre las primeras
figuras de 1971…
Del bombeado
arte de Curro Romero —para mi inédito aún, y nunca tendré ocasión de apreciarlo
en todo su esplendor— me quedo ayuno y escasamente me es permitido juzgar sino
figura y apariencias… Puesto a torear, los toros de larga embestida le
hermosean el viaje y los remisos le atosigan.
Pero muy bien compuesta la figura, el armonioso movimiento de los brazos,
su ritmo su cadencia, consigue con los toros que colaboran al remate de las
suertes lances y pases que le crean una fantástica personalidad y un sonoro
romance…
Y el tercer
hombre —primero en facundia y vena artística— de este fin de década, el otro
camero, flor virtualmente abierta en 1960, al menos a mis ojos, se llama Paco
Camino y es un garboso chaval andaluz, bien hecho, conformado en la talla
justa, bien parecido, moreno y sevillano. Y sevillano su corte torero: un fino
espécimen de la bella escuela… ¡Ah!, sí, fino artista, gran torero y perfecto
matador que, cuando aquellos raramente tenidos hoy por virtuosos del estoque
trucan la suerte, él alguna vez —varios San Isidros le anotan la estocada más
pura—, perfilado en el centro de gravedad, la espada a su nivel canónico, la
muleta discurriendo a ras del suelo, ejecuta clásicamente el volapié…
Y sigue: Cuando
El Viti, matador de buenos modos toreros y prurito pro matar bien, vino a os
toros me iba yo a casa. Pude contar poco de él. La afición, el mundo taurino y
poco más o menos todo el mundo pendía de un novillero revolucionario, de El
Cordobés.
El caso de
El Cordobés —no inexplicable. Pero poco explicado— va a constituir en los
anales del toreo todo un caso… adelantado de hippies y Beatles simboliza la época
en perspectiva descocada y minifaldera… Quienes pregonan que ha levantado la
fiesta, confunde la fiesta con el espectáculo, que a mi particularmente me
crispa los nervios…
Sin embargo,
Feria de Sevilla (junio13 de 1968) —presencio asombrado, embebido, embelesado
la revelación de El Cordobés en una tarde no de padre y señor mío sino de a mí
me pesa, pésame señor… dos faenas a dos toros de Carlos Núñez, bravos…, bien
hechos, bien armados; con el trapío todavía exigido en La Maestranza. ¡Toros y
torero! Arte serio y buen arte. Unidad de medida. Apertura reposo y mando.
Ligazón y remate de los pases. Clasicismo y clase. ¡Santo Diós! Me revengo
contrito—, yo estoy equivocado. ¡Es un artista! ¡Es un tío!
Antes de la
frase final de sus memorias dejó otra lapidaria: “Triunfar sin peligro es
triunfar sin gloria! Clarito murió en Madrid, trece años después. Vivió noventa
y seis entre las épocas de “Guerrita” y “Espartaco”. Estuvo antes y después de
Joselito, Belmonte, las plazas monumentales, el peto, la puya tricorte, la
espada de juguete, la penicilina, el tremendismo, el toro “destremendizado”,
los veedores, la selección del dócil, el utrero, el afeitado, la "bastarda
simbiosis crítica-publicidad", y el “más festival que fiesta”.
Testigo
secular, a regañadientes, de cómo, lidia, combate, arte, toro, toreros,
públicos, plumas, modos, modas, normas, gustos... fueron supeditándose al
mercado. Íntimo confidente del toreo, guardián de sus cánones, lo amó, lo
pensó, lo defendió denunciando sus males, glorificando sus virtudes, y lo hizo
citando, describiendo, relatando, probando más que predicando.
Cronista
maestro, reverenciado y temido, jamás escribió para la gran prensa. No lo
necesitó. Desde sus medios de menor tirada, “The Kon leche”, “Liberal” e
“Informaciones” levantó su taurología. Ministro de la república española (Comunicaciones
1934). Preso político, dato que aparece minimizado en las biografías bajo su
dimensión de crítico e historiador taurino.
Sus
“Memorias”, texto grandioso y obligado a quienes pretendan afición y
comprensión, deja que los hechos hagan la teoría...
Al bizarro
“Pepete” glosando los quiebros del “Gordito”; “Tú jases títeres”.
O el joven
Luís Miguel, abrumado por la espectacularidad, los efectos y los adornos de
Arruza, preguntar al retirado Belmonte –¿Qué puedo hacer yo ante todas esas
cosas?
Y al Pasmo
responder –¡Pues torear! Que… que… es lo que no se ha hecho en toda la tarde.
César Jalón
Aragón “Clarito”, pasó templada, larga y lentamente por la fiesta iluminándola.
Cuando el bravo, el valor y el honor hayan sido extinguidos, podrán ser
evocados en sus escrituras y el culto vivirá.
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