lunes, 19 de enero de 2026

"AMADA FIESTA" - VIÑETA 594

 
VIÑETA 594
 
“Amada fiesta”
Jorge Arturo Díaz Reyes, Cali, Colombia, 19 I 2026 

José Arcila corneado en la segunda de Manizales. Foto: Camilo Díaz, burladero.tv
Colombia. La fiesta en su agonía. En 19 meses la prohibicionista Ley 2385 de 2024 dejará caer su guillotina sobre el cuello de un culto tradicional aquí por 500 años. Histórico.

A partir del 22 de abril de 2027, todos los fieles y su rito quedarán criminalizados en el territorio nacional, (si es que aún es nacional, para entonces). Por la antidemocrática vía de la asonada, la mentira, la agresión, la bomba, el Insulto, la calumnia, la pared…, los fanáticos antitaurinos lograron elevar su odio y sus consignas a Ley. “No más Ole” la llaman con desafiante arrogancia. Uno de sus viejos gritos vandálicos.

No ha llegado el fin todavía, pero ya se vive, se siente, se hace presente. Como reo en el pabellón de la muerte, el toreo acusa la inminencia de la pena. Progresivamente. Los recientes llenos de Manizales y los menos de Cali no tapan la ferocidad del asedio. Ayer en Puente Piedra, la corrida placebo de la afición bogotana a la que años ha le han secuestrado su Santamaría, fue boicoteada caprichosamente por el alcalde municipal de la jurisdicción. Y a fin de mes Lenguazaque, también cerca de la capital, espera mejor suerte para poder dar sus dos corridas.

La temporada grande minimizada, sin Medellín, Cartagena, Popayán, Ibagué, Bucaramanga, Palmira… prohibidas por decisión local antes de la Ley nacional. Las ferias y festejos provinciales acabados. Los toreros de todo rango, en el paro. Las ganaderías en extinción. Las plazas, donde no abandonadas, convertidas en parrandeaderos, o escenarios de ocasión para cualquier espectáculo rentable. Los empleos indirectos, en el desempleo. El sector económico, todo a la quiebra...

Y la afición, en la aflicción. La mayor parte, digo. La otra, llevada por la desesperanza, por la confusión, o por la oportunidad de liberar un resentimiento vergonzante, ocultado largamente, a cambio de las conveniencias sociales que brindaba la fiesta, vuelve lanzas contra ella. Al caído, caerle. Apretemos que somos cuñas del mismo palo. Las más patéticas, por cierto.

Y claro, sin abandonar el disfraz de fieles. O mejor, valiéndose de él para más eficacia implosiva. Quinta columnistas. Hay que verlos, oírlos y leerlos, desplegando su poder de “fuego amigo”. Por ejemplo, refiriéndose a la actual temporada colombiana. Entre un discurso aparentemente docto, purista, fundamental, camuflan sus petardos procaces:

Ganaderos estafadores. Empresarios, atracadores. Toro, impresentable, descastado, “limpieza”. Toreros, peseteros. Resultados artísticos, nefastos. Público, imbécil. Cronistas, deshonestos. Sindicato de toreros, cómplice. Engaño. Carestía. Clientelismo… Y rematan en un cuidadosamente redactado, pero anónimo comunicado, que rueda por la red (fuente de lo anterior), con: “Por todo esto y más, ya podemos ir diciendo ¡QEPD AMADA FIESTA!

Infamante certificado de defunción anticipado, concluido con…, “Amada fiesta”. Si eso es amor, cómo será lo contrario. Los imagino en familia. Ni una sola virtud reconocida, que las tuvo muchas, la corta, resiliente y heroica temporada. En las condiciones actuales, su sola realización, su sola sobrevivencia ya fue una, quizá la mayor. Cualquier corrida real es mejor que ninguna. No por humilde la misa desmerece.

Cierto, como hacen los libelistas ladinos, recurso manido, aún de los que son capaces de firmar, algunas de las destructivas críticas pueden tener asidero real. Imposible negarlo.

El poco trapío, cuajo, peso, edad, casta, en la mayoría de los toros, (cuatro corneados graves). Las ausencias y los asimétricos honorarios de algunas figuras. El alto costo de la boletería. Las relaciones públicas oportunistas, (lagartería decimos los colombianos). Las omisiones no unánimes, los fallidos fallos presidenciales… Respecto a los infundios contables, la presunción de buena fe es un derecho inalienable, y debería bastarles el de los esforzados organizadores (en Cali la empresa perdió plata).

Sí, claro, como antes, como siempre, como en todo, hubo errores, desaciertos, tal vez desmandes puntuales, algunos con el atenuante, otros con el agravante, según el caso, de la dramática situación actual del negocio, en desigual batalla terminal. Pero también por ello, el aficionado, si lo es, tendría que señalarlos, cuestionarlos, respetuosa y constructivamente. La crítica es indispensable y consubstancial a la fiesta. No así la propaganda negra del enemigo disfrazada de ella.

Renegar, injuriar, increpar al ser que se dice amado en su lecho de muerte, por sus imperfecciones o faltas, es cuando menos... Bueno, lo que sea. Que cada quién elija el término.
 

lunes, 5 de enero de 2026

MANIZALES, TORO, AFICIÓN Y TRABAJO - VIÑETA 593

 
VIÑETA 593
 
Manizales, toro, afición y trabajo
Jorge Arturo Díaz Reyes, Cali, Colombia, I 5 2025
 
Juan Carlos Gómez presentando su feria en Las Ventas. Foto: Jorge A. Díaz
El médico Juan Carlos Gómez, director de Cormanizales, gerente del Hospital Infantil, entidad propietaria de la Plaza de toros, que ha organizado personalmente la temporada taurina durante los últimos 18 años, presenta las líneas maestras de la temporada 2026:
 
Como todos los años. La temporada se hace con recursos y esfuerzo propios. Autogestión. Comenzando a construir la siguiente tan pronto arrastran el último toro de la anterior. Cada una es un ciclo de trabajo. Madrugando, persistiendo, acercándose a la gente, enfatizando en la juventud, cumpliendo, ganándose al pueblo, atendiendo sus preferencias, privilegiando los carteles… el toro que gusta, los retadores de mayor interés, y las figuras vigentes, claro, que son las que más venden las ferias. Lo sabe todo el mundo.
 
Para celebrar esta edición 71, además del histórico regreso del maestro César Rincón en festival, a 18 años de su retiro, traemos triunfadores incuestionables acá y allá. Los que marcaron el año: Andrés Roca Rey, Alejandro Talavante, Daniel Luque, Sebastián Castella, Antonio Ferrera, Borja Jiménez, David de Miranda, David Galván, Román, Luis Bolívar, Juan de Castilla, Manuel Libardo, Juan Hernández, y claro, los novilleros Olga Casado y Felipe Miguel Negret.
 
Estarán frente a lo mejor que hay en la cabaña nacional hoy. ¿Cuál ganadería falta? Quizá Salento y Achury Viejo, pero se cruzan impedimentos de fuerza mayor. Los demás están. Los históricos Mondoñedo, Las Ventas, Juan Bernardo Caicedo, Santa Bárbara y Ernesto Gutiérrez esta última con dos encierros y medio, porque además de su prestigio, es el hierro de la plaza, tiene clientela propia y su gran demanda obliga las repeticiones, independiente de las valoraciones que cada quién haga en cuanto a feno y genotipo...
 
Es lo que ofrecemos. Es bueno, muy bueno y así lo ha entendido la afición. Estoy seguro de que esta temporada será exitosa, y de que la próxima, la 72 (quizá la ültima), en el 2027, lo será más aún. Que se abonen desde ya.”
 
En cuanto al significado social de la feria, “todos los excedentes van para el Hospital, los beneficiarios finalmente son los niños enfermos… Aquí en Manizales los toros son una causa de todos; apolítica, desideologizada y libre de sesgos. Hace más de un año, cuándo se debatía la ley de prohibición, que desgraciadamente nos condena, el Consejo Municipal lo reiteró en un comunicado al Senado de la República, afirmando que la temporada taurina es indispensable para la ciudad… y el alcalde ha declarado que la temporada taurina es el eje principal de la feria”.
 
A diferencia de lo que pasa en el resto de Colombia y en casi todo el mundo, aquí la ciudadanía, los gremios, las empresas, las autoridades locales y regionales la reconocen la fiesta como su patrimonio cultural.
 
En 1997, Cormanizales recibió la plaza con apenas 700 abonados, y era superada en taquillas y volumen por Bogotá, Cali, Medellín, Cartagena…, hoy pese a la persecución antitaurina y la ley nacional de prohibición, es la feria más importante del país, la más cosmopolita. La única que no solo ha resistido sino crecido. Esta número 71 que comienza hoy, tras el primer domingo de enero como es tradición, anuncia los mejores carteles toreros entre los posibles. Dignos de cualquier gran ciudad española. La demanda de boletería y la capacidad hotelera de la ciudad copada indican que seguimos el camino correcto. Aún a contracorriente nacional.
 
Develado así, por el veterano médico-empresario-líder, ese es el secreto (no secreto), de la fortaleza local de la fiesta, de la cultura taurina, del rito, en un país donde tergiversando, engañando, intimidando, los antitaurinos fanáticos y los políticos afines, la han perseguido, hasta lograr prohibirla por una ley, cuya entrada en vigencia fatalmente se aproxima.

lunes, 22 de diciembre de 2025

CALI, RINCÓN Y BOLÍVAR - VIÑETA 592

 
VIÑETA 592
 
Cali, Rincón y Bolívar
Jorge Arturo Díaz Reyes 22 XII 2025 
Cañaveralejo antes. Foto: Historia
A cuatro días de la Feria. Penúltima, según Ley 2385. La Plaza de toros de Cañaveralejo, ahora llamada con el comercial mote, “Arena Cañaveralejo”, (hasta el nombre le han cambiado). Semioculta por el gran “Mall” levantado sobre sus antiguos terrenos periféricos, (parqueaderos), ya no luce como otrora desde la distancia, ese orgulloso trapío coronado de banderas al viento.
 
Ya no a lo lejos. Como antes, cuando desde los cuatro puntos cardinales la multitud confluía fervorosa por las avenidas: Quinta (sur y norte), Roostvelt (oriente) y Guadalupe (occidente). Ya no se le puede, ya no se le podrá volver a ver así. Ya desapareció esa postal, como tantas otras de la ciudad bajo el avance del esnobismo utilitario y enladrillador. Sin embargo, y pese a haber perdido para siempre aquella estampa de invicto navío en lontananza, sigue ahí. Aunque hoy retraída, avejentada y ofrecida para cualquier cosa. Qué le vamos a hacer.
 
Ahí arrinconada, la casi setentona parece rumiar apenada los recuerdos de su bella, soberbia y torera juventud. Cuando emblema de la ciudad, admirada por todos y requerida por los más cotizados andantes de capa y espada, era el corazón de la fiesta. El ruedo de las gestas. La copa de los añonuevos. Cuando la fiesta eran los toros, que corrían en ella de noviembre a enero. El toro de Cali, decían.
 
Pues del próximo viernes 26 al martes 30 sus recuerdos resucitarán. Más que un simple dejá vu. Cañaveralejo, fugazmente volverá a revivir lo que era, lo que no debería dejar de ser, aquello para lo que la hicieron; Plaza de Toros. Volverán el sol, el rito, la liturgia y el ole prohibido. De nuevo, la monumental, será epicentro de la feria que fundó. Y dos hombres, dos toreros de distinta época, que desde niños comenzaron en ese ruedo a erigir sus propias leyendas, encabezarán el paseíllo.
 
César Rincón y Luis Bolívar. Ambos sobrevivientes a bravías carreras. El uno, bogotano, histórico, universal, ídolo qué a 18 años de su retiro se reencuentra en festival con la ciudad, con su país y con toda una generación de aficionados que no alcanzó a compartir su gloria y que agotará el papel, para de allí en adelante tener el privilegio de contar, yo también le vi torear.
 
El otro, el paisano, producto de la plaza, alumno de su escuela, de la que salió para Madrid y el mundo. Múltiple triunfador del “Señor de los Cristales”, y esta vez triple hacedor, como empresario, apoderado y torero, sin duda el más importante de Colombia, desde la retirada del primero.
 
Dos tiempos, dos recias tauromaquias, dos preferidos. No fueron rivales. No alternarán. Pero ambos, mano a mano, abrillantan la internacional e irrefutable cartelería (lidiadores notables de seis países distintos, frente a toros colombianos, todos). Su coincidencia enmarca de lujo esta temporada corta, pero intensa, testimonial e inolvidable, para una afición que debe contestar a la ilegalización con su masiva presencia.
 
Cómo antes de las deserciones, la minimización, el declive, y la condena. Cuando junto con Pamplona (España), esta, la de Cali con sus llenos permanentes, era la plaza de mayor ocupación en el mundo. No llenarla sería dar la razón a los perseguidores de su culto, a los aniquiladores del toro, que imponen su verdad sobre la verdad misma.
 
 

lunes, 15 de diciembre de 2025

LA COLETA DE MORANTE - VIÑETA 591

 
VIÑETA 591
 
La coleta de Morante
Jorge Arturo Díaz Reyes 15 XII 2025 
Morante coleta en mano. Foto: Las Ventas
El 12 de octubre pasado, a las ocho y media de la noche, en los medios de unas Ventas, repleta y desquiciada de ovaciones, José Antonio Morante de la Puebla, con 28 años de torero, se arrancó la coleta en llanto, exclamando: ¡No puedo más!
 
El toro desorejado del triunfo, Tripulante; Garcigrande, colorado, bien cuatreño, de 554 kilos, astifino, le había cogido muy duro de salida. Sollozante, flanqueado por sus hombres, mostrando la desgajada castañeta, caminó cabizbajo hacia las tablas. Antes de llegar topó con Fernando Robleño, también despedido esa tarde, quien lo abrazó con gesto fúnebre.
 
En un instante la fiesta desaforada se había convertido en asombro, en pesar, en duelo. Nadie lo esperaba. Minutos después, abajo en la sala de prensa, “Barquerito”, ecuánime siempre, comenzó a teclear su crónica: “Morante se corta la coleta en un clima apoteósico. Tras una faena magistral…, premiada con las dos orejas, sorprende a todos con una decisión probablemente premeditada”.
 
Sintetizaba la escena culminante de toda la temporada (mundial). Sin importar que no hubiese terminado la corrida, ni que al día siguiente hubiese una más en Zaragoza, y seis días después otra en Jaén. Aquel nocturno y conmovedor acto final de Madrid, fue el non plus ultra. Los titulares también sollozaron.
 
Zabala de la Serna en El Mundo: Adiós del más grande por la Puerta Grande más triste. Patricia Prudencio:  Entrega el alma y toca el cielo a hombros en la tarde en que se corta la coleta. Álvaro Rodríguez del Moral: Se ha cortado la coleta inesperadamente en la plaza de Las Ventas, bañado en lágrimas, en una tarde pletórica…
 
Y por su parte, no pocos aficionados (morantistas devotos), como tantos otros en la historia, repitieron el conocido plañir: “Se ha ido el último torero, no volvemos”. Todo un drama romántico, intenso, sentimental…, quizá cursi para cualquier no iniciado en las abismales pasiones del toreo. Pero días después, Morante volvería a sorprender: “No me corté la coleta, me la quité”.
 
Y hoy, a dos meses del acontecimiento (“probablemente premeditado”), los empresarios, que comienzan a rematar carteles de ferias para el año entrante, dicen buscar y exigir su regreso...  Ilusión.
 
Contrario a lo que exclamó en Las Ventas cuando se quitó el añadido, ¿sí podrá más? ¿Podrá volver a colocárselo, ir a la plaza y lograr la reconversión de los aficionados que anunciaron el fin de su afición aquella reciente, triunfal y triste noche?  
 
Son públicos sus padecimientos. ¿Podrá? ¿Tendrían que ser eternos los artistas, para que nadie dejara de amar el arte?

lunes, 8 de diciembre de 2025

ASUNCIÓN DE LO CURSI - VIÑETA 590

 
VIÑETA 590
 
Asunción de lo cursi
Jorge Arturo Díaz Reyes 8 XII 2025 
Paquiro antes de la corrida 1847. Óleo: Ángel María Cortellini. Museo Thyssen de Málaga
Lo cursi no es mal gusto, ni carencia de gusto. Es otro gusto. Y en el arte de torear, tan acusado de cursilería, caben las doce acepciones académicas, y algunas más, endilgadas a la palabra gusto.
 
Desde la primera, la que le da nombre, la del sentido lingual. Pasando por las de los otros órganos gustosos que todos tenemos; visual, olfativo, acústico y táctil. Faena con colorido, aroma, consonancia y textura, que deja buen o mal sabor de boca (según degustador). Metáforas.
 
Porque sí. Todos tenemos gusto. Nato, aprendido, individual, colectivo, diferente, válido... Así cada cual pueda sentir, creer o convenir que el suyo, por suyo, es el bueno, quizá el único, y el de los otros por ajeno, malo o inexistente.
 
 En el tendido, la tertulia y el chat, somos excluyentes, integristas o “de pellizco”, estilistas o épicos, toristas o toreristas…, y por ahí vamos agrupándonos, calificando y descalificando a los demás como vulgares o finos, burdos o refinados, inaceptables o aceptables, aficionados puros o legos de clavel…
 
Pues sobre aquel carácter gregario de nuestra especie, que nos junta y distancia en identidades, clases, conveniencias…, además aran los formadores de opinión y animadores de apetitos. Orientadores del consumo, promotores de mercancía. Árbitros de la moda, en la medida del alcance de sus medios. Esto es bello, feo, elegante, chillón, fino, extravagante, soso, excitante, tremendista…, cómpralo, no lo compres, ve a verlo, no vayas.
 
El gusto, facultad fisiológica, se adiestra, se engaña, se educa y se aviene al interés social. Es parte de la libertad que pagamos a la civilización, en cambio de su acogida. Parte del “pacto” llamado cultura, que cohesiona, identifica y protege la manada. Como tan embrolladamente explicó Marcuse a su vez.
 
Que es dinámico, claro. En las mesas aristocráticas medievales no era mal visto, comer con los dedos, limpiarse con la manga, meter mano en plato ajeno. Y en esto del arte, sabemos de sobra que, hasta los clásicos, (de los que todo el mundo “tiene” que gustar), siguen a merced de la oferta y la demanda. De los caprichos temporales. El Greco, Van Gogh, Modigliani…, desechados en su tiempo, ahora no hay con que comprarlos.
 
El título del libro de la profesora española (en Yale) Noël Valis: "La cultura de la cursilería: Mal gusto, clase y kitsch en la España moderna", parece condenar lo cursi, de salida. No así su documentado contenido que cita entre otros muchos, con admiración al “Viejo profesor”, socialista defensor de la tauromaquia, e histórico alcalde de Madrid, don Enrique Tierno Galván, en su ensayo de 1952: «Aparición y desarrollo de nuevas perspectivas de valoración social en el siglo XIX: lo cursi». “Lo que quieren los más se convierte en lo mejor”.
 
No obstante, cursi, sigue siendo adjetivo vergonzante, despectivo, clasista, definido por la RAE, que manda en la lengua, como: pretender elegancia y refinamiento sin tenerlo. Y por el uso, como gusto del “nuevo rico”. Todo lujo es cursi, generalizaba Borges por su lado. 
 
Pero, quizá lo peyorativo que conlleva, más que su estética chocante, imitativa y fatua, sea el engaño de querer pasar por lo que no se es. La intolerable transgresión de igualamiento, abajo-arriba. Vulgarización, “kitsch”, “camp”, artificio, “vintage”, que nuestra mediática y globalizada era posmoderna, ha convertido, no en su síntoma, sino en su sello cultural. Y el arte del toreo, espejo del tiempo, lo refleja.
 
¿Podemos omitir acaso, que el ornamentado traje de luces actual, cuyo diseño ha ocupado talentos unánimes como Picasso, Fermín o Armani, no es otra cosa que una variación del atavío desafiantemente recamado de los mozos del pueblo raso andaluz, en los albores de la corrida moderna? Goya es testigo.
 
Hábito de torería, emergencia profunda del gusto “bajo”, cuyos románticos modelos pasados (de moda) se desempolvan y lucen hoy con oportunismo nostálgico. ¿Podemos omitir acaso la universal asunción de lo cursi?

lunes, 1 de diciembre de 2025

KILOS Y CUERNOS - VIÑETA 589

 
VIÑETA 589
 
Kilos y cuernos
Jorge Arturo Díaz Reyes 1º XII 2025 
“Brigadier” de Pedraza, Madrid 2025. Foto: Andrew Moore, Del toro al infinito
No puedo recordar desde cuándo, ni cuántas veces habré oído y leído la despectiva sentencia —kilos y cuernos no son trapío —Tantas dictada como juez y parte, tantas repetida sin juicio ni parte. Pero casi siempre con la impunidad exitosa de las medias verdades.
 
Pues claro. No los son per se, pero sí son expresión y substancia, sine qua non, de la integridad, el desarrollo, la edad, el volumen, el cuajo, la salud, el vigor, la armonía, el respeto, la estética… No son el trapío, cierto, pero sin ellos no hay trapío. Bravura o mansedumbre, también condiciones naturales, van por aparte, no siempre asociadas.
 
Caigo en este lugar común, perdón, empujado por la lectura de dos documentos de actualidad y atención. Primero, el “Balance de la feria de San Isidro 2025”, publicado en su Web oficial, por la Organización El Toro de Madrid. Segundo, el resumen de la Cuarta Tertulia Invernal de la misma organización, Publicado por Cultoro (jueves pasado), a la cual compareció el empresario de Las Ventas, Rafael García Garrido. No es indispensable resaltar la significación de ambos.
 
El uno, hipercrítico hasta el apague y vámonos: “Tristeza por la situación que vive la fiesta y en especial la plaza de Las Ventas… calidad ínfima… aburrimiento… mucho cinqueño… en general bobalicones…  preparados para que los toreros vengan con garantías de mínimo riesgo… Poco criterio en la elección del ganado… antitaurinismo en el Colegio de Veterinarios… Los cuernos y el peso no es trapío, los remates de los toros están en los cuartos traseros…”
 
Hasta aquí, un muestreo de valoraciones al toro. Respecto al toreo, el torero, la autoridad, la empresa y el público, las opiniones del balance merecen reflexiones más vastas que las posibles en este corto espacio.
 
Por ahora vuelvo al tema titular. Sí y no, insisto, las armas y la romana del toro (productos naturales del crecimiento y adultez), no lo son todo, pero sin ellas no hay todo. Y si además de la esplendidez en las dos cualidades morfológicas, el mucho “cinqueño” y el personal “aburrimiento” son la medida para la desaprobación del toro de Madrid, por parte de la élite de la afición, tendría que plegarme definitivamente a su declaración inicial: “Tristeza por la situación que vive la fiesta y en especial la plaza de Las Ventas”. En cuanto al Colegio de Veterinarios, no creo justa la descalificación.
 
De mi lado, (y asistí a todas y cada una de las corridas), la feria más larga y determinante del mundo continúa echando, en general, con la lógica variedad y propia imprevisibilidad de juego, el toro más toro, con más kilos y cuernos. Y el “aburrimiento”, (para los que van a desaburrirse), por cierto, selectivo, lo capté más en una minoría irreverente y no pocas veces irrespetuosa.
 
En contraste con lo anterior, el segundo documento, el de Cultoro, atinente a la Cuarta Tertulia Invernal, muestra la misma venerable organización, mucho más considerada y receptiva. ¿Sería el frío?
 
Ya en presencia del principal implicado; el empresario, “que ofreció una intervención sólida, directa y muy celebrada por los aficionados presentes...” terminaron aplaudiendo la promesa del regreso de la ganadería de Cuadri y otras divisas de fuerte arraigo torista, así como planteando la necesidad de “mayor número de corridas de toros fuera de los ciclos de San Isidro y Otoño.”  Y “dejando la sensación de que “Las Ventas camina hacia una temporada más abierta, plural y con especial atención al toro.
 
En la que espero yo, aficionado vetusto, los kilos y los cuernos, sigan engrandeciendo al toro de la primera plaza del mundo. Como los del premiadísimo, “Brigadier” (667 K. y cinco años largos), antípoda del cómodo y juvenil terciado que se podría esconder subliminalmente tras el manido eslogan.

lunes, 24 de noviembre de 2025

LA VACA DEL VIEJO MUNDO - VIÑETA 588

VIÑETA 588
 
La vaca del viejo mundo
Jorge Arturo Díaz Reyes 24 XI 2025
  
Vaca de Monteviejo. Foto: V.M., Cultoro
Vino con Colón, en su segundo viaje. Hace ya, este noviembre, 532 años. La Bos Taurus Ibericus, extensión de la prehistórica “Bos primigenius primigenius”. Llegó trayendo vida, fertilidad, y culto a su hijo. Tauromaquia.
 
Contribuyó entonces diferencialmente a la gestación de la nueva identidad; Hispanoamérica. Fusión, que no implantación sobre exterminio, cual sucedió más al norte con otras nacionalidades inmigrantes. Fue parte del “ADN” maternal, ahora vergonzante, renegado e ilegalizado.
 
Brava, campeó acá por siglos. Hasta este último, en que una secta de benefactores, “animalistas”, mediante todas las formas de lucha, desde terrorismo hasta legislación, han alcanzado, lo que no alcanzó antes ninguna calamidad natural ni humana; precipitar la extinción de su raza.
 
Pero en este mes de su efeméride, casi qué como un testimonio de supervivencia y celebración, han aparecido los carteles de las dos únicas ferias (de primera), restantes en Colombia. Que serán las penúltimas permitidas, por la Ley “No más Olé” (2385 de 2024). Cali y Manizales, en ese orden, como ha sido tradición, despedirán y recibirán el año ceremonialmente.
 
Anuncian doce encierros. Cinco la una, siete la otra. Todos de simiente española, pero nacidos y criados desde generaciones en el país. Y entre los doce, apenas siete ganaderías, con cuatro encastes. Repitiéndose dos, a más de por prestigio, por escasez de toros: Ernesto Gutiérrez (Santa Coloma-Murube) en cuatro festejos y Juan Bernardo Caicedo (Domecq) en tres. Mondoñedo (Contreras), Salento (Santa Coloma-Murube), Las Ventas (Domecq), Santa Bárbara (Domecq) y Campo Real (Santa Coloma), irán de a una en una. Nada del otrora prolijo Cauca Grande.
 
Las divisas y su diversidad han mermado a este punto por la persecución a las corridas, su modus vivendi. Lo que no lograron las hambrunas, la peste, ni las guerras. Lo hicieron los políticos “protectores”, que a sabiendas han ido tras ellas, en busca de “la solución final”.
 
Tenían que ser el blanco. Era obvio. En un planeta estrechado por la superpoblación, la intolerancia y la tecnología. El hábitat animal se ha hecho tan costoso, que el rebaño, sin espacios vitales libres, no puede vivir sino de sus fieles, de su rito, de su razón de ser. Así, la prohibición perpetra lo que no pudieron los jinetes del apocalipsis. El aniquilamiento.
 
Pues para él bravo no sirve la otra vía. Dejarse asesinar indefenso, por miríadas en los mataderos. No, y no solo porque no resulte rentable, sino porque es indigno y contranatural a su estirpe. ¿Hay esperanzas?
 
Atisbando en busca de algún indicio. Se aproximan las elecciones presidenciales del país, (marzo 2026). Hasta 77 políticos aspiran. Democrático récord de opciones, pero curiosamente ninguno, ninguno incluye la derogación de la ley antitaurina entre sus promesas de gobierno.
 
Y otro. Mientras, por aquí, pese a todo esto, el fervor crece y se copan los hoteles para la temporada. Al otro lado del mar, en España, “madre patria”, como por acuerdo el Ministerio de Cultura excluye selectivamente al dramaturgo, torero y mártir, Ignacio Sánchez Mejías de la conmemoración oficial a su generación literaria. “La del 27”, de la cual fue gestor.
 
Cabría llorar otra vez con García Lorca, quien también, dicho sea, fue liquidado por política: La vaca del viejo mundo pasaba su triste lengua…