lunes, 13 de julio de 2026

AQUELLOS SESENTA... (XXI) - VIÑETA 619

 
VIÑETA 619
Aquellos sesenta… (XXI)
Jorge Arturo Díaz Reyes, Cali, 13 VII 2026
Ampliación de la Plaza de Pamplona 1967. Foto: Memoriasdelviejopamplona
Es imposible viajar por los sesenta sin parar en Pamplona. Esa ciudad precristiana, fronteriza con Francia, fundada por Pompeyo sobre sangre de nativos antediluvianos, y donde la religiosa fiesta de toros “los sanfermines” ha mantenido su fervor por casi mil años (1186).
 
Festejos que conjugaron la liturgia católica, la feria de ganado y las corridas de toros. Dando lugar desde la edad media al espontáneo nacimiento de los “encierros”. Cuando los pastores cruzaban la población preventivamente a la madrugada, conduciendo los toros bravos hacia la plaza mayor.
 
Encierros para corridas en las que hace 800 años los “matatoros” llegaron a cobrar tanto, que el rey Alfonso X el Sabio los censuró en sus “Partidas” a favor de los que toreaban gratis, llevados solo por su valentía.
 
Es obligado bajar en esa histórica urbe, aún pequeña (213.000 habitantes), dónde hace ya más de un siglo un joven periodista gringo escribió un asombrado y quizá impreciso artículo para la revista Star Weekley de Toronto, publicado el 27 de octubre de 1923, que trajo consecuencias: “Las Fiestas de Julio en Pamplona.” –Una semana después vi otra mejor en Pamplona… desde 1186 hay allí corridas de toros durante seis días una vez al año. Descubriendo y mitificando para el mundo moderno esa celebración única, sin proponérselo.
 
Poco después, al embeleso de su neorromántica novela “Fiesta” (“The sun also rises”), las masas turísticas internacionales encabezadas por “famosos” se volcaron no solo sobre Pamplona sino sobre el toreo todo con sus profundas implicaciones. Tanto, que la plaza de La Misericordia debió ampliarse (1967) hasta casi duplicar su cupo de 12.000 a 20.000 localidades, a fin de albergar mayor cantidad de los privilegiados visitantes que lograban una entrada. Hoy la Televisión los ha multiplicado a millones.
 
Era el tiempo que los historiadores han llamado “Tardofranquismo”, cuando en medio del crecimiento económico y la presión social, el general cumplía setenta años (1962) y el “Movimiento nacional” se debatía entre “inmovilistas” y “aperturistas”, previendo su posible próxima ausencia. Debate que involucraba a toda España y por ende al toreo. Y que pretendió ser zanjado con la Ley Orgánica del Estado de 1967 y la designación en julio de 1969 de don Juan Carlos de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, como sucesor, con la sentencia: “Todo queda atado y bien atado”.
 
Fueron esos los años que sucedieron a la última visita de Hemingway en 1959, y en los que se autorizó la primera edición española (1966) de su libro taurino “Muerte en la tarde”, publicado en inglés treinta y cuatro años antes y qué entonces, dicho sea de paso, no apareció traducido en libro sino por entregas en la “Gaceta ilustrada”.
 
Tiempo también aquel en que se bautizó al San Fermín como “La feria del toro”, con razón, y se empezó a cantar el: “A San Fermín pedimos por ser nuestro patrón...,” y durante el cual fueron muertos en el encierro: Vicente Urrizola Istúriz de 32 años el 9 de julio de 1961, por un toro de la ganadería de Torrestrella. E Hilario Pardo Simón, de 45 años, el 12 de julio de 1969, por el toro “Reprochado”, de Salvador Guardiola Fantoni.
 
Era cuando ante los: Pablo Romero, Miura, Cebada Gago, Torrestrella, Juan Pedro Domecq, César Moreno, Atanasio Fernández, Conde de la Corte, Guardiola…, lidiaron, sangraron, compitieron y reinaron:
Antonio Ordóñez, Antonio Bienvenida, Miguel Baez Litri, Julio Aparicio, Paco Camino, Jaime Ostos, Curro Romero, El Viti, Diego Puerta, César y Curro Girón, Palmeño, Andrés Vázquez, Mondeño y un novillero luego legendario llamado Manuel Benítez Pérez “El Cordobés”, quien ya torero estrella, entre triunfos y apoteosis motivó también la histórica y más monumental bronca de 1965.
 
Y sobre todos, Antonio Ordóñez, quien llegó a cobrar por primera vez en los anales de la feria (1967) más de un millón de pesetas por corrida. Cosa que hubiese escandalizado al sabio rey Alfonso X. Y También, el mismo que había marcado antigüedad como ganadero, debutando con “Malaquino”, número 1, y conquistando el trofeo al más bravo de la Feria del Toro en 1961. El cual fue ganado a su vez, en los años siguientes por:
Buscalíos”, 39, de Álvaro Domecq, lidiado por Mondeño en tercer lugar el 12 de julio de1962.
Escorpión”, 178, del Marqués de Domecq, lidiado quinto por Luis Segura el 11 de julio de 1963.
Nuevecosechas”, 80, del Conde de la Corte, lidiado primero por Pedro Martínez "Pedrés" el 7 de julio 1964.
Guinea”, 11, del Conde de la Corte, lidiado segundo por Paco Camino el 8 de julio de 1965.
Escultor”, 118, de Álvaro Domecq, ganó el premio y el Concurso de Ganaderías, lidiado sexto por Antonio Ordóñez, el 14 de julio de 1966.
Ricopelo”, 28, de Manuel Arranz, lidiado sexto por Andrés Hernando. el 8 de julio de 1967.
Ventero”, 8, de César Moreno, lidiado primero por José Fuentes el 8 de julio de 1968.
Madrileño”, 28, de Juan Pedro Domecq, lidiado sexto por Santiago Martín «El Viti» el 14 de julio de 1969.
Delirio”, 76, de Juan Pedro Domecq, lidiado segundo por Francisco Rivera «Paquirri», el 8 de julio de 1970...
 
Años cuando Diego Puerta, quién tras conquistar la plaza con su valentía, gusto y poder el 12 de julio de 1961 matando solo los seis toros, ya que “Churrero”, el primero de Pablo Romero, había corneado y mandado a la enfermería sus dos alternantes: Paco Camino en un quite, y Chamaco con la muleta. A la larga el gran sevillano terminó su carrera toreando treinta bien pagadas tardes allí.
 
Fue también cuando “Hilador”, del Conde de la Corte, que venía para la feria de 1965, abrió a cornadas el cajón del camión en un parqueadero, escapó, atacó un bus repleto de turistas portugueses, lo averió y debió ser ultimado a tiros por la Guardia Civil. Todo esto y más cosas pasaron en aquellos sesenta.
 
Por supuesto, yo no las presencié, pero las conocí a su tiempo mediante noticias y relatos, o después por literatura y visitas. Las traigo a cuento apenas como notas que esbozan el paso de la década por una estación inevitable, no solo de ella sino de la historia general de la Fiesta…
 

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