lunes, 31 de marzo de 2025

"LOS TOROS SON GRANDIOSOS" - VIÑETA 562

 
VIÑETA 562
 
“Los toros son grandiosos”
Jorge Arturo Díaz Reyes 31 III 2025 
Eso decía. “Poeta maldito” que no se avino a nada, comenzando por sí mismo. Su obra y su vida de carencia escogida fueron voto y burla contra la hipocresía de su tiempo y de todos los tiempos. Alemán de nacimiento (Andernach), estadounidense de crianza (Los Ángeles), migrante infantil llegado a los tres años.
 
Alcohólico, mujeriego, hirsuto, cínico, procaz, irreductible. Así fue y así se mostró con alarde autobiográfico. Escribió, leyó, editó, y sobre todo escribió y escribió “underground”. Sin tregua, con una voz espontánea, directa, ruda que consideraba la digna de su realidad. Palabra precisa, frase dura, puntuación caótica, sintaxis libre, relato contundente. Lectura insoslayable ahora millonaria.
 
Solo, aparte, retador, negado a grupos, escuelas, adocenamientos, métodos. Trasegó todos los géneros; poesía, cuento, ensayo, novela, teatro, cine, periodismo, correspondencia…, qué para él eran uno. Tenía que decir. Desconocía límites. Pasajero de pobres inquilinatos, trabajador de sobrevivencia; trago y papel a su máquina, no más, cartero, empleado de matadero, pastelero, dibujante, pegacarteles, mandadero, apostador, cualquier cosa...
 
Fueron sus días, su historia, sus historias. La simpatía, el refinamiento y el éxito social no han sido requisitos del genio literario. Críticos y profesores que opinan lo contrario le han rotulado “realista sucio”. Por o pese a ello lo leen, lo venden, lo imitan.
 
Entre su mucho desprecio (“hay infinidad de escritores que no saben escribir…”, “la obra de Faulkner fue una mierda”) por ejemplo, reconoció admiración a unas pocas cosas y pocos contemporáneos… Hemingway (“hasta que se vendió”), Celine (“hizo que me avergonzara del pésimo escritor que soy”), Miller (“nadie escribía así a no ser que se llamara Henry Miller o Dostoyevsky”), y su inspirador iniciático el entonces casi anónimo John Fante (“sin duda eres el número uno”).
 
Murió hace treinta y un años, a los 73, minado por la bebida, el humo, y una celebridad tardía que abominó, y que ha crecido post mortem, hasta convertirlo en “uno de los escritores más influyentes de la literatura estadounidense” (Wikipedia).
 
Producto de un medio no taurino y con acceso difícil a las corridas, no tenía cómo ser aficionado, pero lo fue. A mediados de los sesenta, proclamó su conversión en poema-prosa: “La superficie del sol”:
 
Los toros son grandiosos como la superficie del sol, y aunque los matan para rancias multitudes, es el toro quien atiza el fuego, y aunque hay toros cobardes, tanto como toreros y hombres cobardes, generalmente el toro se mantiene puro y muere inmaculado sin ser tocado por símbolos, y élites o falsos amores, y cuando lo sacan arrastrado nada ha muerto y el hedor final es el mundo.
 
Sí, fue una de las dos o tres cosas que le infundieron reverencia, o mejor qué salvó de su general escepticismo. Cuando vuelvan a publicar las consabidas listas defensivas, de iconos culturales que compartieron el credo, incluyan a Charles Bukowski, quizá el más inesperado, sincero y desafiante de todos.

lunes, 24 de marzo de 2025

ESPEJO ROTO - VIÑETA 561

 
VIÑETA 561
 
Espejo roto
Jorge Arturo Díaz Reyes 24 III 2025 
               Cabeza de Toro de Aluminio, Arte en 3D Vintage. Foto: Temu.com
El único animal en toda la naturaleza que el hombre mata con honor es el toro de lidia. Desde siempre, a los otros, día tras día, por cientos de miles, millones, miríadas de todas las especies, los asesina, con ventaja, ocultamiento, alevosía. Muchos de ellos, los llamados domésticos, sin siquiera llegar a la adultez, previa vida en esclavitud de crueldad extrema. Horror justificado por la supremacía humana. Incluídas las mascotas, objeto de pasiones dominantes nunca bien escudriñadas.
 
La tauromaquia, es un culto de purgación al original pecado de lesa biología. Que no es sino una parte de los cometidos por el homo sapiens desde su evolución a ser el depredador más feroz, hipócrita y despiadado del universo. Basta ver lo que ha hecho al planeta, y si se quiere mirar más lejos, está el espacio extraterrestre, que ya también está llenando de porquería. Lo que no destruye lo ensucia.
 
Por milenios el mono desnudó como nos clasificó el zoólogo inglés Desmond Morris, ha construido así su cultura y civilización. Que no son otra cosa que tiranía sobre todas las formas de vida, vegetal y animal, y una permanente agresión al hábitat común. El suelo, el subsuelo, el aire, los ríos, los lagos, los mares, los polos, el clima…
 
Y ahora, una minoría de homos clama indignada contra la tauromaquia, el más antiguo culto de contrición biológica. El más sincero además que ha podido crear la humanidad. Para reconocer y redimir, aunque solo sea alegóricamente su culpa prehistórica. Rito cuyo pasado, liturgia y significado desconocen en absoluto los “antis”, que claman su aniquilación, con el argumento supremacista de: ”No es mi cultura”.
 
Crueldad y barbarie, son los cargos por enfrentar a un toro en plenitud, nacido y criado con mejores condiciones, respeto, y cuidados, no solo de todos los demás del mundo, sino también de millones y millones de niños, crías humanas, desamparadas y violentadas, respecto a las cuales los piadosos aniquiladores de culturas y especies que no son suyas, tampoco muestran ningún interés.
 
La recreación ceremonial del duelo primigenio, a muerte por vida. Fatalidad biológica, matar para vivir. Como fue al principio, uno contra otro, el hombre desarmado, honrando las oportunidades del toro, su fiereza natural que representa el poder del universo, hasta el final supremo, cuando solo ahí, en ese instante, de frente, cruza su espada con las astas, exponiéndose a su mayor poder.
 
Ningún otro animal es muerto así, con tanta reverencia y riesgo. A ningún otro se le brinda la oportunidad de luchar de igual a igual por su vida, que fue para lo que la evolución le formó y dotó. Ninguno tiene un final de tal solemnidad.
 
La estratagema política, de lidiarlo sin muerte, para luego, fuera del ruedo, a escondidas, matarlo a mansalva, como a todos los demás, es solo un subterfugio, un eufemismo antesala de la prohibición definitiva y la extinción de la raza.
 
Lograda la sustitución total de los valores ėticos que consagra la corrida por los antagónicos que consagra el matadero, ya vigentes en casi todo lo demás. El “progreso” podrá continuar sin vergüenza su arrollador paso hacia un futuro de inteligencia artificial, sin espejos ni contrastes que afeen su moralismo inmoral.

lunes, 10 de marzo de 2025

OTRA VEZ EL CORDOBÉS - VIÑETA 560

 
VIÑETA 560
 
Otra vez El Cordobés
Jorge Arturo Díaz Reyes, Cali 10 III 2025 
                  Manuel Benítez Pérez “El Cordobés’. Foto: Escalera del éxito
Le han dado un premio más a Manuel Benítez Pérez “El Cordobés”. ¿Cuántos van? Los que sean, merecidos todos. Esta vez ha sido el de la Junta de Andalucía; Trofeo “Costillares”.
 
Porque fue “un torero andaluz que marcó una época histórica en el mundo” y porque “revolucionó las masas y enloqueció al espectador en la década de los sesenta, siendo un icono de aquella España”, Dijeron miembro del jurado.
 
Cierto. Lo atestiguamos los aficionados sobrevivientes de su gesta, que muy jóvenes nos vimos en él, fuimos revolucionados por él y lo revolucionamos a él. Pasó en un mundo que ya es otro.
 
En este, la gran mayoría de quienes lo premiaron, esparcieron la noticia y la celebraron, llegaron al toreo después de que sus hechos se habían vuelto leyenda. Después del “O llevarás luto por mí”.
 
Después de que recién alternativado triunfara en Cañaveralejo, y por la noche, con unos yines y una camiseta de rayas, se trenzara a golpes con patanes en una caseta de feria (yo lo vi). Después de que de luces se enzarzara también con Camino a puñetazos en el ruedo de Aranjuez. Después de que mataran a los Kennedy a King y a tantos. Después de Vietnam. Después de que José Alfredo y todos cantaran “la vida no vale nada’. Después de la rebelión estudiantil del 68. Después de que se disolvieran los Beatles. Después de que viéramos a Neil Armstrong caminar por la luna. Después de la procesión de los maletines a Villalobillos… Después de tantas y tantas cosas que hoy se ven lejanas, amarillentas y rancias, y entonces eran tan presentes, tan coloridas, tan reales.
 
Ese mundo desaparecido, pero en el que igual a este “los enterados” no toleraban que se torease diferente a como ellos querían. Ese mundo que el insumiso huérfano desbordó. Arrebatando con su personalidad desmelenada masas internacionales, poder, medios y poetas.
 
“El Cordobés”
es el toreo al revés
y es el mechón de través…
“El Cordobés”
es el toreo en inglés,
en danés
y en pequinés
y en volapuk
y sin mover los pies.
 
Así me gusta recordar y repetir, le recitó Gerardo Diego. “Vivimos envueltos en cultura, y experimentamos la realidad a través de un prisma cultural”, apunta Harari. Si, claro, esos eran el prisma y la cultura que el desafió entonces.
 
Ahora, el casi nonagenario torero, entronizado V Califa, y los veteranos de aquellos años tremendos representados por su tauromaquia subversiva, somos otros. Quizá muy diferentes a cómo imaginamos llegar a ser. El tiempo es un relato sin comienzo, trama ni punto final.

lunes, 3 de marzo de 2025

OTRA ENCUESTA - VIÑETA 559

 
VIÑETA 559
 
Otra encuesta
Jorge Arturo Díaz Reyes 3 III 2025 
Activistas de “No es mi cultura” en Madrid. Foto: Animalnaturalis 

Qué más del 70% de los españoles rechazan las corridas de toros, pero el 86% aprueban comer animales y usarlos vivos para experimentación científica. ¿Eh?

Son datos de la encuesta: “Percepciones de la naturaleza y los animales”, realizada por la Fundación del banco BBVA, y reseñada por Matías Helbig en El País de Madrid el jueves pasado. Bajo el soberano título: “Siete de cada diez españoles rechazan las corridas de toros”.
 
La publicación, es además Ilustrada con una fotografía combativa (puños en alto), de un piquete antitaurino con sus pancartas de “No es mi cultura”, y otra enorme al frente presumiendo de las 715.606 firmas pidiendo al Congreso de los Diputados que derogue la ley que protege las corridas como patrimonio cultural.
 
“Una tendencia”, concluye mas abajo el texto, redactado al estilo de análisis estadístico. Formato que no logra maquillar su intención publicitaria. Más bien la resalta.
 
No cabe ahí al asaltado lector, cuestionar la objetividad de los encuestadores, la selección de los encuestados, la carencia de sesgos en la entidad patrocinadora, conocida como ambientalista y aseguradora de mascotas (“miembros de la familia”). Y sobre todo, con qué cara convierten la minoritaria opinión consultada en la de todos los españoles.
 
Endilgándoles además la incongruencia moral de rechazar por gran mayoría la milenaria tauromaquia ritual (“cruel”), y al mismo tiempo, por mayoría mucho más grande aprobar el asesinato aleve y el descuartizamiento de animales por millones, para comérselos, o torturarlos experimentalmente. ¿Será posible? Cosa de locos.
 
Peor aún, cuando subliminalmente se pretende hacer creer que también “siete de cada diez españoles” respaldan a los “tendenciosos” y empuñados firmantes de la ILP, que quieren exterminar los toros porque “No es su cultura”, y que con el mismo argumento podrían exigir el aniquilamiento de todas las otras culturas del mundo que tampoco son suyas.
 
Abusivo. La humanidad ya ha pagado muy caro por tendencias parecidas. Imagino que la ciudadanía, las organizaciones pro derechos, y el gobierno sobre todo, a través de sus ministerios de cultura y salud pública, están considerando salir a replicar.
 
No con una prohibición claro, estamos en democracia. Pero sí, al menos con una declaración o con otra encuesta. Pues en este mundo informático y cliqueante, para una encuesta, otra encuesta.
 
De ser así, ojo. Que sea seria. No estoy insinuando que se conteste un infundio con otro infundio. Como diría Mark Twain, para quien solo había tres clases de mentiras: la mentira, la maldita mentira y las estadísticas.
 
No, no, nada de eso, nada de contra propaganda. Tendría que ser algo veraz, que sacara en claro a los inconsultamente metidos en el cuento. La inmensa mayoría del país.