lunes, 22 de diciembre de 2025

CALI, RINCÓN Y BOLÍVAR - VIÑETA 592

 
VIÑETA 592
 
Cali, Rincón y Bolívar
Jorge Arturo Díaz Reyes 22 XII 2025 
Cañaveralejo antes. Foto: Historia
A cuatro días de la Feria. Penúltima, según Ley 2385. La Plaza de toros de Cañaveralejo, ahora llamada con el comercial mote, “Arena Cañaveralejo”, (hasta el nombre le han cambiado). Semioculta por el gran “Mall” levantado sobre sus antiguos terrenos periféricos, (parqueaderos), ya no luce como otrora desde la distancia, ese orgulloso trapío coronado de banderas al viento.
 
Ya no a lo lejos. Como antes, cuando desde los cuatro puntos cardinales la multitud confluía fervorosa por las avenidas: Quinta (sur y norte), Roostvelt (oriente) y Guadalupe (occidente). Ya no se le puede, ya no se le podrá volver a ver así. Ya desapareció esa postal, como tantas otras de la ciudad bajo el avance del esnobismo utilitario y enladrillador. Sin embargo, y pese a haber perdido para siempre aquella estampa de invicto navío en lontananza, sigue ahí. Aunque hoy retraída, avejentada y ofrecida para cualquier cosa. Qué le vamos a hacer.
 
Ahí arrinconada, la casi setentona parece rumiar apenada los recuerdos de su bella, soberbia y torera juventud. Cuando emblema de la ciudad, admirada por todos y requerida por los más cotizados andantes de capa y espada, era el corazón de la fiesta. El ruedo de las gestas. La copa de los añonuevos. Cuando la fiesta eran los toros, que corrían en ella de noviembre a enero. El toro de Cali, decían.
 
Pues del próximo viernes 26 al martes 30 sus recuerdos resucitarán. Más que un simple dejá vu. Cañaveralejo, fugazmente volverá a revivir lo que era, lo que no debería dejar de ser, aquello para lo que la hicieron; Plaza de Toros. Volverán el sol, el rito, la liturgia y el ole prohibido. De nuevo, la monumental, será epicentro de la feria que fundó. Y dos hombres, dos toreros de distinta época, que desde niños comenzaron en ese ruedo a erigir sus propias leyendas, encabezarán el paseíllo.
 
César Rincón y Luis Bolívar. Ambos sobrevivientes a bravías carreras. El uno, bogotano, histórico, universal, ídolo qué a 18 años de su retiro se reencuentra en festival con la ciudad, con su país y con toda una generación de aficionados que no alcanzó a compartir su gloria y que agotará el papel, para de allí en adelante tener el privilegio de contar, yo también le vi torear.
 
El otro, el paisano, producto de la plaza, alumno de su escuela, de la que salió para Madrid y el mundo. Múltiple triunfador del “Señor de los Cristales”, y esta vez triple hacedor, como empresario, apoderado y torero, sin duda el más importante de Colombia, desde la retirada del primero.
 
Dos tiempos, dos recias tauromaquias, dos preferidos. No fueron rivales. No alternarán. Pero ambos, mano a mano, abrillantan la internacional e irrefutable cartelería (lidiadores notables de seis países distintos, frente a toros colombianos, todos). Su coincidencia enmarca de lujo esta temporada corta, pero intensa, testimonial e inolvidable, para una afición que debe contestar a la ilegalización con su masiva presencia.
 
Cómo antes de las deserciones, la minimización, el declive, y la condena. Cuando junto con Pamplona (España), esta, la de Cali con sus llenos permanentes, era la plaza de mayor ocupación en el mundo. No llenarla sería dar la razón a los perseguidores de su culto, a los aniquiladores del toro, que imponen su verdad sobre la verdad misma.
 
 

lunes, 15 de diciembre de 2025

LA COLETA DE MORANTE - VIÑETA 591

 
VIÑETA 591
 
La coleta de Morante
Jorge Arturo Díaz Reyes 15 XII 2025 
Morante coleta en mano. Foto: Las Ventas
El 12 de octubre pasado, a las ocho y media de la noche, en los medios de unas Ventas, repleta y desquiciada de ovaciones, José Antonio Morante de la Puebla, con 28 años de torero, se arrancó la coleta en llanto, exclamando: ¡No puedo más!
 
El toro desorejado del triunfo, Tripulante; Garcigrande, colorado, bien cuatreño, de 554 kilos, astifino, le había cogido muy duro de salida. Sollozante, flanqueado por sus hombres, mostrando la desgajada castañeta, caminó cabizbajo hacia las tablas. Antes de llegar topó con Fernando Robleño, también despedido esa tarde, quien lo abrazó con gesto fúnebre.
 
En un instante la fiesta desaforada se había convertido en asombro, en pesar, en duelo. Nadie lo esperaba. Minutos después, abajo en la sala de prensa, “Barquerito”, ecuánime siempre, comenzó a teclear su crónica: “Morante se corta la coleta en un clima apoteósico. Tras una faena magistral…, premiada con las dos orejas, sorprende a todos con una decisión probablemente premeditada”.
 
Sintetizaba la escena culminante de toda la temporada (mundial). Sin importar que no hubiese terminado la corrida, ni que al día siguiente hubiese una más en Zaragoza, y seis días después otra en Jaén. Aquel nocturno y conmovedor acto final de Madrid, fue el non plus ultra. Los titulares también sollozaron.
 
Zabala de la Serna en El Mundo: Adiós del más grande por la Puerta Grande más triste. Patricia Prudencio:  Entrega el alma y toca el cielo a hombros en la tarde en que se corta la coleta. Álvaro Rodríguez del Moral: Se ha cortado la coleta inesperadamente en la plaza de Las Ventas, bañado en lágrimas, en una tarde pletórica…
 
Y por su parte, no pocos aficionados (morantistas devotos), como tantos otros en la historia, repitieron el conocido plañir: “Se ha ido el último torero, no volvemos”. Todo un drama romántico, intenso, sentimental…, quizá cursi para cualquier no iniciado en las abismales pasiones del toreo. Pero días después, Morante volvería a sorprender: “No me corté la coleta, me la quité”.
 
Y hoy, a dos meses del acontecimiento (“probablemente premeditado”), los empresarios, que comienzan a rematar carteles de ferias para el año entrante, dicen buscar y exigir su regreso...  Ilusión.
 
Contrario a lo que exclamó en Las Ventas cuando se quitó el añadido, ¿sí podrá más? ¿Podrá volver a colocárselo, ir a la plaza y lograr la reconversión de los aficionados que anunciaron el fin de su afición aquella reciente, triunfal y triste noche?  
 
Son públicos sus padecimientos. ¿Podrá? ¿Tendrían que ser eternos los artistas, para que nadie dejara de amar el arte?

lunes, 8 de diciembre de 2025

ASUNCIÓN DE LO CURSI - VIÑETA 590

 
VIÑETA 590
 
Asunción de lo cursi
Jorge Arturo Díaz Reyes 8 XII 2025 
Paquiro antes de la corrida 1847. Óleo: Ángel María Cortellini. Museo Thyssen de Málaga
Lo cursi no es mal gusto, ni carencia de gusto. Es otro gusto. Y en el arte de torear, tan acusado de cursilería, caben las doce acepciones académicas, y algunas más, endilgadas a la palabra gusto.
 
Desde la primera, la que le da nombre, la del sentido lingual. Pasando por las de los otros órganos gustosos que todos tenemos; visual, olfativo, acústico y táctil. Faena con colorido, aroma, consonancia y textura, que deja buen o mal sabor de boca (según degustador). Metáforas.
 
Porque sí. Todos tenemos gusto. Nato, aprendido, individual, colectivo, diferente, válido... Así cada cual pueda sentir, creer o convenir que el suyo, por suyo, es el bueno, quizá el único, y el de los otros por ajeno, malo o inexistente.
 
 En el tendido, la tertulia y el chat, somos excluyentes, integristas o “de pellizco”, estilistas o épicos, toristas o toreristas…, y por ahí vamos agrupándonos, calificando y descalificando a los demás como vulgares o finos, burdos o refinados, inaceptables o aceptables, aficionados puros o legos de clavel…
 
Pues sobre aquel carácter gregario de nuestra especie, que nos junta y distancia en identidades, clases, conveniencias…, además aran los formadores de opinión y animadores de apetitos. Orientadores del consumo, promotores de mercancía. Árbitros de la moda, en la medida del alcance de sus medios. Esto es bello, feo, elegante, chillón, fino, extravagante, soso, excitante, tremendista…, cómpralo, no lo compres, ve a verlo, no vayas.
 
El gusto, facultad fisiológica, se adiestra, se engaña, se educa y se aviene al interés social. Es parte de la libertad que pagamos a la civilización, en cambio de su acogida. Parte del “pacto” llamado cultura, que cohesiona, identifica y protege la manada. Como tan embrolladamente explicó Marcuse a su vez.
 
Que es dinámico, claro. En las mesas aristocráticas medievales no era mal visto, comer con los dedos, limpiarse con la manga, meter mano en plato ajeno. Y en esto del arte, sabemos de sobra que, hasta los clásicos, (de los que todo el mundo “tiene” que gustar), siguen a merced de la oferta y la demanda. De los caprichos temporales. El Greco, Van Gogh, Modigliani…, desechados en su tiempo, ahora no hay con que comprarlos.
 
El título del libro de la profesora española (en Yale) Noël Valis: "La cultura de la cursilería: Mal gusto, clase y kitsch en la España moderna", parece condenar lo cursi, de salida. No así su documentado contenido que cita entre otros muchos, con admiración al “Viejo profesor”, socialista defensor de la tauromaquia, e histórico alcalde de Madrid, don Enrique Tierno Galván, en su ensayo de 1952: «Aparición y desarrollo de nuevas perspectivas de valoración social en el siglo XIX: lo cursi». “Lo que quieren los más se convierte en lo mejor”.
 
No obstante, cursi, sigue siendo adjetivo vergonzante, despectivo, clasista, definido por la RAE, que manda en la lengua, como: pretender elegancia y refinamiento sin tenerlo. Y por el uso, como gusto del “nuevo rico”. Todo lujo es cursi, generalizaba Borges por su lado. 
 
Pero, quizá lo peyorativo que conlleva, más que su estética chocante, imitativa y fatua, sea el engaño de querer pasar por lo que no se es. La intolerable transgresión de igualamiento, abajo-arriba. Vulgarización, “kitsch”, “camp”, artificio, “vintage”, que nuestra mediática y globalizada era posmoderna, ha convertido, no en su síntoma, sino en su sello cultural. Y el arte del toreo, espejo del tiempo, lo refleja.
 
¿Podemos omitir acaso, que el ornamentado traje de luces actual, cuyo diseño ha ocupado talentos unánimes como Picasso, Fermín o Armani, no es otra cosa que una variación del atavío desafiantemente recamado de los mozos del pueblo raso andaluz, en los albores de la corrida moderna? Goya es testigo.
 
Hábito de torería, emergencia profunda del gusto “bajo”, cuyos románticos modelos pasados (de moda) se desempolvan y lucen hoy con oportunismo nostálgico. ¿Podemos omitir acaso la universal asunción de lo cursi?

lunes, 1 de diciembre de 2025

KILOS Y CUERNOS - VIÑETA 589

 
VIÑETA 589
 
Kilos y cuernos
Jorge Arturo Díaz Reyes 1º XII 2025 
“Brigadier” de Pedraza, Madrid 2025. Foto: Andrew Moore, Del toro al infinito
No puedo recordar desde cuándo, ni cuántas veces habré oído y leído la despectiva sentencia —kilos y cuernos no son trapío —Tantas dictada como juez y parte, tantas repetida sin juicio ni parte. Pero casi siempre con la impunidad exitosa de las medias verdades.
 
Pues claro. No los son per se, pero sí son expresión y substancia, sine qua non, de la integridad, el desarrollo, la edad, el volumen, el cuajo, la salud, el vigor, la armonía, el respeto, la estética… No son el trapío, cierto, pero sin ellos no hay trapío. Bravura o mansedumbre, también condiciones naturales, van por aparte, no siempre asociadas.
 
Caigo en este lugar común, perdón, empujado por la lectura de dos documentos de actualidad y atención. Primero, el “Balance de la feria de San Isidro 2025”, publicado en su Web oficial, por la Organización El Toro de Madrid. Segundo, el resumen de la Cuarta Tertulia Invernal de la misma organización, Publicado por Cultoro (jueves pasado), a la cual compareció el empresario de Las Ventas, Rafael García Garrido. No es indispensable resaltar la significación de ambos.
 
El uno, hipercrítico hasta el apague y vámonos: “Tristeza por la situación que vive la fiesta y en especial la plaza de Las Ventas… calidad ínfima… aburrimiento… mucho cinqueño… en general bobalicones…  preparados para que los toreros vengan con garantías de mínimo riesgo… Poco criterio en la elección del ganado… antitaurinismo en el Colegio de Veterinarios… Los cuernos y el peso no es trapío, los remates de los toros están en los cuartos traseros…”
 
Hasta aquí, un muestreo de valoraciones al toro. Respecto al toreo, el torero, la autoridad, la empresa y el público, las opiniones del balance merecen reflexiones más vastas que las posibles en este corto espacio.
 
Por ahora vuelvo al tema titular. Sí y no, insisto, las armas y la romana del toro (productos naturales del crecimiento y adultez), no lo son todo, pero sin ellas no hay todo. Y si además de la esplendidez en las dos cualidades morfológicas, el mucho “cinqueño” y el personal “aburrimiento” son la medida para la desaprobación del toro de Madrid, por parte de la élite de la afición, tendría que plegarme definitivamente a su declaración inicial: “Tristeza por la situación que vive la fiesta y en especial la plaza de Las Ventas”. En cuanto al Colegio de Veterinarios, no creo justa la descalificación.
 
De mi lado, (y asistí a todas y cada una de las corridas), la feria más larga y determinante del mundo continúa echando, en general, con la lógica variedad y propia imprevisibilidad de juego, el toro más toro, con más kilos y cuernos. Y el “aburrimiento”, (para los que van a desaburrirse), por cierto, selectivo, lo capté más en una minoría irreverente y no pocas veces irrespetuosa.
 
En contraste con lo anterior, el segundo documento, el de Cultoro, atinente a la Cuarta Tertulia Invernal, muestra la misma venerable organización, mucho más considerada y receptiva. ¿Sería el frío?
 
Ya en presencia del principal implicado; el empresario, “que ofreció una intervención sólida, directa y muy celebrada por los aficionados presentes...” terminaron aplaudiendo la promesa del regreso de la ganadería de Cuadri y otras divisas de fuerte arraigo torista, así como planteando la necesidad de “mayor número de corridas de toros fuera de los ciclos de San Isidro y Otoño.”  Y “dejando la sensación de que “Las Ventas camina hacia una temporada más abierta, plural y con especial atención al toro.
 
En la que espero yo, aficionado vetusto, los kilos y los cuernos, sigan engrandeciendo al toro de la primera plaza del mundo. Como los del premiadísimo, “Brigadier” (667 K. y cinco años largos), antípoda del cómodo y juvenil terciado que se podría esconder subliminalmente tras el manido eslogan.